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¡El Catatumbo resplandece!

En el parque Ciénega de Juan Manuel está el epicentro de un relámpago que emana ozono. El relámpago es un enigma para la ciencia y un símbolo de respeto para los indígenas.

Margioni Bermúdez

Un río de luz en el cielo. Un fulgor que irradia de paz al espíritu. El Relámpago del Catatumbo sigue destellando entre las silenciosas noches del Lago de Maracaibo, igual como destella desde hace siglos. Su aura inspira a poetas y es un enigma para científicos que durante décadas han intentado fijar una teoría que explique su origen.

El ambientalista Erik Quiroga ha insistido en que el resplandor, que se produce en horas nocturnas, es una fuente generadora de ozono a más de seis kilómetros de altura. Está ubicado en una zona muy húmeda en la región ecuatorial, donde el aire caliente asciende desde el suelo hasta las inmediaciones de la capa de ozono a una altura de 15 a 20 kilómetros. Esto es un indicio de que sea la primera fuente generadora de ozono estratosférico en su tipo en el planeta.

Más que un fenómeno aislado, el Relámpago del Catatumbo es un ciclo de tormentas eléctricas. Su vitalidad genera ozono, componente que, en dosis equilibradas, actúa como un filtro de los rayos solares. El año pasado el orificio en la capa de ozono se estimó en 25 millones de kilómetros cuadrados. Para este año se espera que la cifra sea superior.

El Parque Nacional de Ciénagas de Juan Manuel, epicentro del relámpago, es el sitio del mundo donde se pueden observar la mayor cantidad de tormentas eléctricas nube-nube. Éstas se diferencian de las tormentas nube-tierra, cuyos rayos se inclinan en dirección vertical hacia la superficie.

Las tormentas —subrayó Quiroga— “se inician después de las 7:00 de la noche por lo regular, en dos ciclos, uno en la noche y otro después de la 12:00 de la madrugada con un tiempo mínimo de duración aproximado de cuatro horas en el primer ciclo y tres horas en el segundo. Esto da un promedio de 980 horas de tormentas eléctricas al año, tomando como referencia siete horas por 140 días de tormentas”.

Con un mínimo de 16 a 40 flashes por minuto, arroja un promedio de 28, para un total de 1.646.400 destellos anuales. Las descargas de nube a nube poseen una intensidad aproximada de 100.000 a 300.000 amperios. Esto —detalló Quiroga— también convierte al Relámpago del Catatumbo en la primera fuente generadora de electricidad en su tipo en el planeta.

Quiroga ha recopilado además, la visión de los indígenas. El nombre originario dado por los barí es Ri’baba, que significa río del cielo, de acuerdo con la información suministrada por Saturnino Kasiko’Bagchasa, de la comunidad barí Aruutatakae.

Para los wayuu, es el manifiesto de la furia del Dios (Maleiwa), por la extracción de la sangre de la madre Tierra (Mma’paa). Es el estallido de las venas del territorio ancestral, explica Luz Fernández, de la comunidad Poorshoui, de La Guajira.

A Javier Armato, escritor yucpa, su abuelo le contó que el relámpago lo dejaron los dioses como señal del respeto a la madre Tierra.

En sus versos, el poeta Silverio Hernández, oriundo de Congo Mirador, pueblo de palafitos cercano al epicentro del resplandor, lo describe como “un rayo que no deja de alumbrar y se puede comparar con lo más bello del mundo”.


El relámpago del Catatumbo respira ozono

La Unesco convertiría al “Rayo del Catatumbo” en una celebridad ecológica, merced al trabajo de científicos venezolanos. Ficción y realidad intervienen en la historia del fenómeno. El globo terráqueo lo necesita.

Alexis Blanco

Maracaibo, 5 de Junio de 2008.- El Día Mundial del Ambiente, decretado en 1972 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, arroja sobre la mesa el tema del Relámpago del Catatumbo. Su declaración como parte del patrimonio ecológico mundial concuerda con los términos de la declaración de ese año, donde se establecen términos respeto sobre asuntos clave del medio ambiente. El Rayo lo es.

“Los barí —sostiene la estógrafa de la UCV, Claudia Díaz Pernalete—creen que el rayo está constituido por millares de cocuyos que resaltan el poder del Padre de la Creación”. Los yucpas y los wayúu aseguran que representa el espíritu de los caídos y un mensaje desde el eterno resplandor de las alturas. Los científicos, aún debaten.

Dos teorías científicas antagonizan acerca del Relámpago, según cuenta, desde El Sur del Lago, el profesor Ángel Uzcátegui. Más allá de las mismas, persisten las cosmovisiones de los aborígenes involucrados en el entorno geográfico.

Ángel Muñoz sostiene que el fenómeno no constituye un elementos regenerador de la capa de ozono. Señala que ese nutriente de la atmósfera carece de los espacios donde transformarse en tal. Pero carece de los elementos fácticos para demostrar su teoría.

La propuesta del profesor Erick Quiroga acumula más optimismo: “sí regenera la capa de ozono y ayuda al mejoramiento integran de la salud atmosférica”. Son los dos expertos que más han analizado al fenómeno.

En Valencia, el científico Nelson Falcón Veloz traza gráficos y promueve su propia teoría. En Congo Mirador, desde el corazón de las ciénagas de Juan Manuel de Aguas Blancas, los vientos alisios bailan entre las montañas su danza de nubes y, como una fuerza mágica, sin que nadie aún haya determinado con certeza la autenticidad del origen, implosionan esos destellos que sobrecogen, sellando la relación cielo y tierra, trazando las rutas a los navegantes del Coquivacoa.

Pocos científicos escapan a su seducción. Es, quizá, más que un fenómeno meteorológico. Encantó y sedujo, por igual, a poetas y adelantados. Está en las letras de una obra de Lope de Vega, en los escritos de Anton Göering y en los articulados versos de Udón Pérez, autor del himno del Estado Zulia.

“Ese relámpago respira ozono”, sostiene Quiroga. “También dispara sueños y utopías de amor”, susurra Pita Cubillán, quien dibuja rayos y les va escribiendo, debajo de los trazos, los textos de Udón:

“La luz con que el relámpago

/ tenaz del Catatumbo /

del nauta fija el rumbo /

cual límpido farol”.

Y el faro de luz prosigue implosionando, mágico, magistral, como arcos eléctricos que no dicen otra cosa que: “De aquí soy, aquí nací y aquí me recordarán por siempre, feliz”.

 

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