Ofelia Soto: “Soy una maracucha espontánea”

Isabel C. Manzanilla Delfín

Ofeli Soto - Artista Plástica - LaMaracuchaRadio.com -Fotógrafo:Humberto MateusMaracaibo, 18 de Abril de 2008.- Su acento aún la delata, por más que el próximo año se cumplen 50 de su llegada a Maracaibo el ritmo mexicano al hablar se mantiene intacto. Sin reservas abre las puertas de su hogar para mostrar su taller de pintura y las obras en proceso de realización, de igual manera se dispone a contar su historia. Una voz un poco temblorosa da evidencia de la edad que no se quiere revelar, según las cuentas ajenas

Ofelia Soto debe tener alrededor de los 70 años aunque su espíritu joven para seguir creando confunde. Arribó a las tierras zulianas para acompañar a su esposo, un filósofo e investigador invitado a participar en la reapertura de la Universidad del Zulia y la fundación de la Facultad de Humanidades. “Nos enamoramos de la ciudad y nos quedamos”, recuerda la artista plástico. “Me encantó la gente. Era un lugar muy optimista, puro, tranquilo y sin la urgencia frenética que hay ahora”. Como lo hizo desde que se casó y decidió dejar sus estudios de Filosofía para seguir las tradiciones de la época y “como dicen los españoles ‘casada y con la pata quebrada’”, Ofelia Soto continuó aquí con sus labores de ama de casa sin ningún peso de conciencia pues “la autorrealización estaba en la felicidad de la familia”; gozó de los primeros años de infancia de sus tres hijos y a la par nunca paró de pintar.

Regionalización de la pintora

El arte se convirtió en un refugio para la expresión. Desde niña fue alentada a la pintura por su madre, mientras que su padre la incentivaba a la escritura. “Me apasioné por la pintura porque era más inmediata para mí. El placer es espontáneo y me da más libertad y una felicidad enorme”. De forma autodidacta y tras una constante práctica fue mejorando su arte, se perfeccionó con un pintor francés quien le dictó un taller en París durante un año.

La artista plástico Lía Bermúdez la descubrió en Maracaibo, llegó hasta su hogar para conocer su trabajo e inmediatamente la invitó a realizar una exposición individual en su galería Gaudi. “Lía era formidablemente simpática y me invitó a su casa, allí nos reuníamos los que Juan Calzadilla llamó la escuela zuliana, conformada por Bellorín, Soto, Henry Bermúdez, entre otros. Conversábamos sobres los problemas de la ciudad y el arte”. Así la oriunda de Michoacán se fue enraizando en la Tierra del Sol Amada. Hoy asegura con vehemencia: “Soy maracucha. He vivido aquí más que en cualquier lugar del mundo. Se me ha pegado el estilo informal que me gusta mucho de la gente de aquí. Eso de darse cariñitos y apapacharse, esa espontaneidad se me pegó porque allá (en México) son más formales”.

La felicidad de pintar

Mezclas ideales de colores, presencia de texturas y formas sin sentido obvio componen las obras de Ofelia Soto; como la mayoría, luego de varios años llegó a lo abstracto y allí se mantiene. Comenta que llegó a una etapa en la que alcanzó el perfeccionamiento en el manejo de la técnica de la acuarela y por miedo a caer en el estilismo cambió de materiales al trabajar.

“Llegué a pintar con dos pinceles en mano; con uno pintaba y con el otro recogía. Sentí que había peligro en el dominio total porque no existía un problema o una experimentación así que lo dejé para olvidarlo y lo logré. Cuando lo retomé a los años fue sabroso el esfuerzo; volví a disfrutar las trabas”. Su proceso creativo comienza con la emoción máxima: estar frente al lienzo en blanco. “Es como si mis ojos fueran un proyector. Aparecen cosas y de pronto sé que es lo que tengo que pintar y lo hago encima de lo que veo. A veces corresponde y otras veces se va modificando, depende de lo que me pide el cuadro para equilibrar o realzar”. Su motivación depende de muchas circunstancias, puede ser su manera de ver el mundo o cómo lo sueña, lo que vive en el momento, sus amores, entre otras cosas, todo está sujeto a su necesidad de expresar.

Cuenta que su crítico más feroz es su hijo, él junto a sus otras dos hijas y tres nietos conforman su familia. La última exposición individual de la artista fue Balcón al voladero, en 2002 en el Cevaz y la semana pasada participó con una obra en la muestra colectiva Espacios imaginarios del Maczul. Pinta sin prisa, “algunos le dicen que es la sabiduría pero yo creo que es por la edad”. Cuando tiene una buena cantidad de piezas deja saber que está lista para una exhibición, espera a que le ofrezcan un lugar y si no, no importa “la razón principal de la creación igual ya está cumplida”.

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