Maracaibo es cuna de Maristas
En sus inicios no matriculaban a mayores de 10 años. El 5 de
octubre de 1924 iniciaron las clases en los salones del seminario, con
38 alumnos. Desde su fundación en 1924 han egresados 67 promocione
Janette Yépez Palenciar
Maracaibo,
3 de Agosto de 2008.- Maracaibo es la cuna de la historia de los
Hermanos Maristas en Venezuela. La Diócesis colocó en funcionamiento
este plan a partir de 1920, cuando tomó posesión Monseñor Marcos Sergio
Godoy. Hasta hoy han egresado 67 promociones cargadas de saberes y
disciplina.
El primer intento venezolano para traer a miembros de la congregación
de Hermanos Maristas partió del presbítero valenciano Víctor Julio
Arocha, quien en 1892 solicitó tres hermanos para dirigir la escuela,
pero fue negada la petición por no contar con suficiente personal.
No fue si no años después que los hermanos de Lacabanne —provincia
del norte de España y sur de Francia—, quienes tenían cierto interés por
encontrar un lugar donde pudieran, a través de la misión, enviaron a los
hermanos más jóvenes para librarlos del servicio militar. A punto estuvo
de concretarse las acciones pero era necesario el dominio del inglés,
idioma que no manejaban.
A finales de 1924 Monseñor Godoy hace su visita al Santo Padre y le
manifiesta su intención de abrir la escuela, el Papa lo bendice y anima
a cumplir sus propósitos. Los miembros de la curia en El Vaticano lo
orientan hacia los Hermanos Maristas.
El 27 de noviembre, Godoy, escribe al Hermano Leovigildo, de la
provincia de Lacabanne, proponiéndole la fundación y el 5 de diciembre
contesta el Hermano Leovigildo aceptando la propuesta. Así lo reflejan
los fragmentos del libro de Los Hermanos Maristas : “Soy Marcelino, en
honor al padre Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas,
a quienes se le deseaba confiar la instrucción y educación cristiana de
los niños.
Orlando Arrieta, historiador y uno de los primeros graduados, en la
década del 50, manifestó: “Eran muy pocos alumnos por sección. Sólo
llegaba hasta cuarto grado. Cuando estaba en el último año y ya con el
cupo para el liceo Baralt, que era la única institución con bachillerato
completo, abrieron el último año cuya mención era ciencias biológicas”.
Recuerda Arrieta que no se matriculaban alumnos mayores de 10 años:
“Los representantes católicos designaron a los Hermanos Ildefonso como
director, a Carlos Florentino en la figura de subdirector, así como a
Félix Anselmo, Emeterio Ignacio y Sebastián José. El 16 de septiembre
fueron recibidos en el puerto de Maracaibo por Monseñor Godoy y personas
distinguidas de la ciudad. Realizados los saludos de rigor se dirigieron
al Palacio Episcopal donde brindaron la feliz llegada. Tras el acto de
bienvenida se retiraron al seminario, donde, al siguiente día, se
dispusieron a preparar salones, mobiliario y útiles escolares”.
El 5 de octubre se iniciaron las clases en los salones del seminario,
con 38 alumnos, que fueron sometidos a un examen, para determinar en
cuál de los tres grados se ubicarían. Sólo comenzaron con primero,
segundo y tercer grado. Así nació el Colegio Nuestra Señora de
Chiquinquirá.
Arrieta indicó que para la época de los veinte Maracaibo disponía de
varias escuelas pero que llegaban hasta cuarto grado. “Sólo una tenía
los seis grados que era la escuela Rafael Urdaneta y sólo había un
liceo, el José María Baralt, del que egresaban unos diez alumnos cada
año”.
Según el texto de Los Maristas, la mayoría de las instituciones
educativas estaban ubicadas en casas de familia. No tenían patio, el
material escolar era pobre, los alumnos no tenían libros o eran pocos
los que había. Los padres no recibían información de las evaluaciones
hasta final del año. Los castigos eran comunes, usaban como armas
principales la palmeta y la regla. Para los casos especiales el calabozo
con cepo. No recibían formación religiosa y sólo en algunos preparaban
para la primera comunión.
“Todo lo contrario al colegio. Se resalta la parte espiritual y los
valores. Las actividades deportivas y recreativas forman parte de los
compendios. Se hacen evaluaciones continuas mediante exámenes o trabajos
escritos y se mantiene informado a los padres semanal o mensualmente”,
relata Esilda Galué , profesora desde hace más de 10 años.
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