Memorias de Jusayú en los “Hijos del Sol” Texto: Mélida Briceño Ayer se instaló la 1ra Feria Itinerante del Libro en este centro. Rindieron homenaje post mortem al maestro indígena.
La actividad —que inició pasadas las 10:00 de la mañana— estuvo a
cargo de las autoridades del Centro de Atención Integral Hijos del
Sol (Caihs), del Instituto Autónomo Nacional de Derechos de Niños,
Niñas y Adolescente (Idena) y de la Coordinación de la Red de
Bibliotecas Públicas del Zulia. Mientras que Jean Carlos Martínez, el director del Idena, expresó la importancia tan grande que tiene la lectura para estos muchachos, “ellos saben que ésta es una gran oportunidad porque la han valorado, han mostrado mucho interés en formarse”. Sobre el homenaje post mortem que se le hizo a Jusayú, Martínez
aseguró que para la institución el maestro representa fuerza de
voluntad, grandeza, porque fue un ejemplo de vida admirable, una
persona que, a pesar de su discapacidad visual, publicó obras
realmente hermosas”. La esposa de Jusayú, Doña Emilia González y su hija Carmen recibieron el reconocimiento que el Idena otorgó. Notas Relacionadas: Wayúu: La Niña de Maracaibo' estreno cinematográfico Fundación Wayuu Taya, fortalece la guajira venezolana Documental wayuu gana festival francés Hilari Clinton con manta guajira Homenaje a Miguel Ángel Jusayú Ángel Lombardi
Miguel Ángel Jusayú es un personaje que como las tumas, piedra /talismanes guajiros nos viene desde las profundidades de la tierra a revelarnos los secretos de su pueblo, a través de la lengua y de sus relatos. Antonio Tovar Llorente, ex rector de la Universidad de Salamanca, académico, catedrático de Lingüística Comparada en Tubinga, Illinois, Madrid y Salamanca, autor de Catálogo de las lenguas de América del Sur, ha expresado sobre Miguel Ángel Jusayú lo siguiente: “No hay escritor y estudioso de su lengua indígena que se pueda comparar. Su originalidad, su capacidad de análisis en una lengua muy difícil y sus dotes de creador literario son extraordinarias. La labor del señor Jusayú en sus diccionarios y estudios gramaticales es incomparable, y se puede decir que en toda América no hay un escritor como él en su lengua indígena ni estudioso en el mismo grado de la misma. Todos sus trabajos prueban su dedicación y una competencia superior hasta convertirlo en un verdadero escritor en su lengua nativa”. Miguel Ángel Jusayú se lo debe todo a su constancia, nace hacia agosto de 1933 cerca de la Serranía Mokurra, en el corazón de La Guajira. Su padre pertenece al clan Ja´yaliú y su madre era del clan Jusayú. Fue pastor de ovejas, a los 12 años queda ciego. Es recogido en un internado de los Padres Capuchinos. Se traslada a Caracas y estudia la primaria en el Instituto Venezolano de Ciegos. Fue maestro en La Guajira, desempleado y vendedor de lotería en Maracaibo y Perijá. A partir de 1971 entra en contacto con el Centro de Lenguas Indígenas de la Universidad Católica Andrés Bello, que le presta orientación técnica y asistencia para la edición de sus obras. Desde entonces su gran soporte han sido los Padres Jesuitas y en particular el presbítero Jesús Oiza Zubini, precisamente a través del cual he recabado toda esta información. Miguel Ángel es un trabajador infatigable; y su producción abundante y sostenida. En 1975 publica Morfología Guajira, Caracas, Centro de Lenguas Indígenas, UCAB. El mismo año pública Jucujalajrrua, waiu. Relatos guajiros. Caracas. En 1977 publica Diccionario de la lengua guajira. Guajiro / Castellano, UCAB. Caracas. En 1979 publica Jucu jalairrua waiu II. UCAB. Caracas. Ha escrito en colaboración: en 1978 con Jean Guy Goulet: El idioma guajiro. Su fonética, su ortografía y su morfología, publicado por el Ministerio de Educación. En el mismo 1978, con Jesús Oiza publica Gramática de la lengua guajira y en 1981 un Diccionario de la lengua guajira. Castellano / Guajiro, el primero publicado por el Ministerio de Educación y el segundo por la UCAB / Corpozulia. El Banco del Libro en su colección Ekaré le va a editar el relato No era vaca ni era caballo. Hay interés en traducirlo en la Feria de Bolonia, ocho países se mostraron interesados y a los efectos ya lo ha visitado una traductora sueca. Miguel Ángel Jusayú vive en el barrio San José (calle San Isidro No. 888-30). Allí trabaja y sobrevive, con dignidad y laboriosidad de artesano. Su “soledad es su orgullo”, como ocurre siempre en este tipo de sociedad, que ha entronizado antivalores: el tener sobre el ser. Miguel Ángel es un valor regional y nacional, un exponente fundamental de su etnia y de su cultura. Como intelectual de gran valía la Universidad debería incorporarlo en su cuerpo de docentes e investigadores. Le estaríamos proporcionando el marco más adecuado y de paso se revitalizaría el área de lengua y cultura guajira que ya existe en la Facultad de Humanidades y Educación. Miguel Ángel Jusayú es un gran conversador, culto y accesible, resulta una experiencia admirable conocerle. Sin poses intelectuales se enfrenta a su trabajo con su fe exultante. Sin falsas modestias, está consciente de su capacidad y de la importancia y trascendencia de su trabajo. Junto a su pueblo, humillado y de explotado, ha emprendido la ciclópea tarea de salvarle el alma, es decir su lengua, su cultura y su literatura. Miguel Ángel Jusayú es el mítico cronista ciego que está ayudando a preservar y a restituirle al pueblo guajiro su identidad, su historia de siglos. Con él otros guajiros, en otros ámbitos, están asumiendo la lucha por la identidad que no solamente pasa por el rescate cultural sino además por el de las reivindicaciones socioeconómicas y la organización política. En Paraguaipoa sepultarán a Jusayú Texto: Alexis Blanco En el centro cultural Toro Sentado harán las exequias previas a la primera partida del poeta hacia la tierra del Jepira. El maestro poeta, Miguel Ángel Jusayú, partirá hoy hacia Paraguaipoa, en cuyo cementerio municipal emprenderá el primero de sus viajes hacia el Jepira, la tierra de los muertos, según la tradición cultural fúnebre de los wayuu. Su hija, Gloria Jusayú, informó ayer, en la residencia del filólogo — donde él estuvo de cuerpo presente recibiendo póstumos testimonios de afecto por parte de decenas de personas— que la partida hacia el norte del estado ocurrirá luego de una ceremonia especial. El sacerdote Jesús Olza oficiará una misa especial y, después de la misma, a eso de las 7:30 de la mañana de hoy, partirá el cortejo fúnebre. En Toro Sentado tienen previstas varias ceremonias con las cuales el pueblo wayuu despedirá al intelectual que le dio sentido como nación, al proveerles de las bases para su idioma, el wayunaiki. Después, a las 3:00 de la tarde, lo llevarán al cementerio municipal, tal cual fue su último deseo. “Diez años más tarde, a través de un sueño, él anunciará que está listo para la exhumación y, de ese modo, sus huesos emprenderán ese viaje definitivo hacia Jepira, su última morada.
El Niño Shuá partió con la luna llena
Texto: Alexis Blanco Un accidente doméstico segó la vida de Miguel Ángel Jusayú, en la madrugada de ayer. El sepelio tendrá lugar mañana, en Paraguaipoa.
Sobrarán las plañideras para el velatorio del gran maestro. Pocos recordaron sus palabras, cuando despedía a otro gran cultor, Juan de Dios Martínez, el 3 de octubre de 2005: “Emprendiste el camino hacia el paraíso, donde los hombres no tenemos color”. También él, filólogo y sabio, empeñó su vida en la tarea de revivir “lo que quizás corría el peligro de olvidarse”. Porque —advertía Jusayú— “el que nombra las cosas hereda ese don de Dios. Hablaremos allá una misma lengua y no seremos negros, cobrizos o blancos”. A las seis de la mañana, Siria Briceño, productora del documental El Niño Shuá, de Patricia Ortega, llamó para avisar. “Ocurrió una cosa terrible: El maestro Jusayú murió, en su casa, esta madrugada... ¡Qué mala vaina!”. Una hora más tarde, Hermannkis Parra, de Acción Creativa, institución teatral que honró al maestro montándole uno de sus cuentos, también llamó, compungido: “Parece mentira, pero una ráfaga de viento obligó a los gallos a cantar, desesperados”. El maestro cumplirá, mañana por la tarde, su deseo definitivo: ser enterrado, al lado de su madre, Rucaria. Patricia Ortega, la cineasta que consagró el maravilloso documental donde el propio maestro cuenta su vida, estaba en el cuarto donde, en la colorida hamaca en la que siempre dormía, yacía el creador. Sus lágrimas corrían por las mejillas que el maestro solía enrojecer, “con sus regaños”. Ella expuso una frase lapidaria: “Siempre me decía que muchas personas, hipócritas las calificaba, acudían a él, y le trataban como si lo quisieran mucho, pero a la hora de la chiquita no lo ayudaban a realizar su trabajo. Eso lo afectaba mucho”. También estaba “Pipo” Álvarez, uno de sus más honestos y consecuentes amigos. Su rostro compungido fluía una memoria poseída de una tristeza indescriptible. Sergio Gómez trasegaba un café, hecho por Gloria, una de las hijas del maestro, mientras intentaba comprender todo aquel absurdo. Ella, junto con sus hermanas, Carmen, Nereyda, además de Miguel, trataba de consolar a Elba Hernández y Emilia González, quienes atendieron al artífice durante toda su vida. Jusayú nació hacia finales del año 1933, en Wüinpumüin, cerca del mar Caribe, al noroeste de Nazareth en la Alta Guajira. Una conjuntivitis mal curada lo dejó ciego, a los doce años. Entonces tuvo que venirse para Maracaibo, donde trabajó en los mercados populares. Su contacto con la sociedad aliju’na (no indígena) le abrió nuevos horizontes: el niño wayuu que fue pastor, mendigo y vendedor de loterías aprendió a leer y a escribir y se convirtió en el representante más importante de la literatura indígena en Venezuela y Latinoamérica. “Era una biblioteca viviente: lo que no estaba en los libros él lo sabía, pero no sólo eso, era capaz de transmitirlo con una sencillez impresionante”, comentaba su sobrina, Fátima, igualmente compungida. Allá va, rumbo al paraíso, Miguel Ángel Jusayú Pérez. Hombre sencillo, pero de palabras profundas. “Su herencia la aseguraremos todos los wayuu”, aseguró Ana Machado. Ayer, la sala de sistema Braille, en la biblioteca, sólo reinó el silencio. Adiós al "gran escritor de los wayuu" Silanny Pulgar Maracaibo, 09 de Junio de 2009.-Con un gran vacío amaneció Maracaibo y la Guajira ayer al conocer la noticia de la muerte de Miguel Ángel Jusayú, uno de los cultores más queridos por la comunidad wayuu y por todo el que conoció su trabajo. Jusayú murió luego de sufrir una caída por las escaleras de su casa, las que estaba acostumbrado a subir y bajar. Nadie se esperaba la partida del wayuu de 76 años que con esfuerzo y dedicación venció los obstáculos de una ceguera que lo mantuvo en la oscuridad desde los 12 años. El cariño y el respeto que se ganó de la gente fue lo que hizo a los familiares dejar de lado por un momento la costumbre wayuu para velarlo ayer en la funeraria El Carmen, adonde asistieron muchas personas para despedirlo. Allí, con lágrimas en los ojos, los presentes evocaron los recuerdos más conmovedores que les quedan del hombre que aun en el ataúd mantiene sus característicos lentes negros. Las coronas de flores a nombre de diferentes instituciones culturales del Zulia, muestra del pesar causado por la pérdida, plenaron los alrededores del féretro. "El gran escritor de los wayuu" Una de las voluntades del cultor era ser recordado como "el gran escritor de los wayuu", como lo expresó en la última entrevista que concedió al diario La Verdad en junio de 2008, donde además dijo estar orgulloso de sus raíces. La afirmación del cultor fue corroborada por Patricia Ortega, cineasta zuliana que el año pasado realizó el documental El niño Shuá en honor a vida y obra de Jusayú. Notablemente afectada y sorprendida por la pérdida, Ortega explicó que el personaje es "una persona muy necesaria". "Era alguien muy luchador. Trabajó como una hormiguita y luchó contra los límites que la ceguera le atravesaba. Es el único indígena que ha hecho un trabajo desde adentro para transmitir lo que es la esencia del wayuu. Todavía le quedaba mucho por hacer". Con los ojos rojos por el llanto que le provoca la pérdida de su hermano, Lucrecia Galué explicó que la muerte llegó por sorpresa. "Nos duele mucho ya no tenerlo aquí. Él era el árbol donde nos metíamos para tener sombra. Nos dejó un ejemplo de unión familiar. Era un hombre grande. Esto lo va a lamentar todo el mundo". Agregó que Jusayuu ya se había caído en otras oportunidades, pero que las consecuencias no habían sido mayores. Hoy sus restos serán trasladados hasta su hogar y mañana será sepultado en Paraguaipoa. Desde temprana edad Jusayuu compartió vivencias con Gladis Morillo, quien ahora tiene en su memoria cada una de las cosas que vivió junto a él. La fundadora de la Asociación Zuliana de Ciegos, a la cual pertenecía Jusayuu, explicó que su amigo deja un ejemplo imborrable de voluntad y superación personal. "Él es un gran orgullo para nosotros los ciegos. Su obra es muy grande. Se ha perdido a un gran hombre. Inmortalizada queda ahora su vida en la tierra". Junto a ella un grupo de invidentes fueron ayer a despedirse de su amigo y entonaron el himno de la fundación. Rosa Nava, secretaria de cultura del estado Zulia expresó a través de nota de prensa el pesar que invada a la institución por la partida del cultor. “Es el académico más importante de su etnia, por los aportes que hizo a la lengua y literatura wayuu, fue un hombre excepcional quien a pesar de su ceguera fisiológica, pudo superar sus limitaciones al tener un gran sentido sobre su historia y cultura. Deja un gran legado de su producción intelectual, que servirá de apoyo a todos los que quieran conocer de su mundo mágico y misterioso” Perfil del cultor Miguel Ángel Jusayú nació en Castillete, en la Alta Guajira a finales de 1933. A los 12 quedó ciego por una enfermedad mal curada, desde entonces vivió en la oscuridad, aunque eso no le restó fuerzas. A la misma edad se mudó a Maracaibo, donde inmediatamente comenzó a trabajar en diferentes oficios. Aprendió a leer y escribir por el método Braile y se desempeñó en diferentes actividades en las que demostró todas sus capacidades. Se casó con Emilia de Jusayú, con quien tuvo cuatro hijos. En la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia impartió la cátedra de Lengua Indígena desde 1991, y perteneció al personal del departamento de Literatura de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia. En 1998 recibió como Doctor Honoris Causa y el Ejecutivo del Estado Zulia lo condecoró con el Premio Regional de Literatura “Jesús Enrique Lossada”. En 2006 le otorgaron el Premio Nacional de Literatura. Su obra literaria está compuesta por el Diccionario Sistemático de la Lengua Guajira, al que le agregaba nuevas palabras antes de morir; Morfología de la Lengua Guajira; Ni era Vaca ni era Caballo (editado en castellano, sueco, danés y noruego), Takujala (Lo que he contado) y Ware Takujalayaasa.
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