Maracaibo en la Historia

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Maracaibo: de pueblo de agua ciudad - puerto siglos XVI-XVII, de Ileana Parra Grazzina

Ileana Parra Grazzina: Doctora en Historia (Universidad de Sevilla). Licenciada en Educación (Mención Ciencias Sociales). Profesora Titular de la Universidad del Zulia. Investigadora del Centro de Estudios Históricos en el Programa “La región occidental en la formación del Estado Nacional en Venezuela. Patrimonio e identidad. Siglos XV – XX”.

Vida cotidiana en un puerto caribeño: Maracaibo a fines del siglo XIX, de Nilda Bermúdez Briñez

Nilda Bermúdez Briñez: Doctora en Ciencias Humanas. Magíster en Historia de Venezuela y Licenciada en Comunicación Social. Profesora Titular de la Universidad del Zulia. Profesora de la Facultad de Arquitectura y Diseño. Investigadora del Centro de Estudios Históricos en el Programa “La región occidental en la formación del Estado Nacional en Venezuela. Patrimonio e identidad (siglos XV – XX)”.

Maracaibo y su circuito agroexportador en el siglo XIX, de Germán Cardozo Galué

Germán Cardozo Galué: Doctor en Historia (El Colegio de México). Profesor Titular de la Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela. Investigador del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia en el Programa “La región occidental en la formación del Estado Nacional en Venezuela. Patrimonio e identidad. Siglos XV–XX”. Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia.

Capitales nacionales y caribeños en el Zulia: Establecimiento de la primera industria azucarera venezolana (1900-1920), de Marisol Rodríguez Arrieta

Marisol Rodríguez Arrieta: Doctor en Ciencias Humanas. Magíster en Historia de Venezuela. Licenciada en Educación (Mención Ciencias Sociales). Profesora Asociada de la Universidad del Zulia. Docente del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades y Educación. Investigadora del Centro de Estudios Históricos en el Programa “La región occidental en la formación del Estado Nacional en Venezuela. Patrimonio e identidad. Siglos XV – XX)”.

Autonomía y rebeliones Wayuú en el periodo republicano, de Carmen Paz Reverol

Carmen Laura Paz Reverol:  Magíster en Antropología. Magíster en Historia de Venezuela. Profesora Asociada de la Universidad del Zulia. Universidad del Zulia. Docente en el Departamento de Ciencias Humanas de la Facultad Experimental de Ciencias. Investigadora en el Programa “El pueblo Wayuú: continuidades, dinámicas de vida y negociación de identidades”.


Dilian Ferrer

Maracaibo durante el Gobierno de los Monagas. Maracaibo: Acervo Histórico del Estado Zulia, 2000.

Aborda la autora un tema realmente interesante y novedoso para los estudios del proceso regional zuliano y del venezolano. Bien podríamos titularle “Monagas en el Zulia: la resistencia a la hegemonía”. Nos gustan de este trabajo muchas cosas. Primero podemos asegurar que hemos visto la utilización de un riguroso método histórico, de lo que somos testigos por haber estado muy cerca en la elaboración del mismo. Una dedicación especial para el manejo de las fuentes, primordialmente del Archivo Histórico del Zulia y consultas hechas en el Archivo General de la Nación.

Del trabajo que tiene el lector en sus manos podemos captar la riqueza de la historia del Zulia. Este pueblo generoso y trabajador que se ha identificado con su hacer y ha creído siempre en su capacidad para crecer con las dificultades, enfrentando al centralismo por sus derechos y acostumbrado a hacer suyas las causas justas que implican la defensa de lo propio. Este pueblo que ha sido capaz en la adversidad de levantarse para seguir construyéndose a si mismo.

Cuando en 1848 José Tadeo Monagas asalta el Congreso, que fue la vía expedita para construir la autocracia de los Monagas, el Zulia se alzó en Armas y desconoció al tirano; buscó su posibilidad autonómica y en un acto soberano ya que fue una participación prácticamente de todos los zulianos, desconoció los gobernantes que representaban la tiranía y nombró sus propios dirigentes para que asumieran la conducción del Estado.

Fuenteovejuna despertaba en Maracaibo y el Zulia todo se sentía tal. Fue de tal magnitud la acción de esta colectividad que el tirano en persona se encargó de la campaña militar para someterles y hubo la necesidad de mantener una prolongada presencia en la región de las fuerzas de ocupación de los Monagas, que en la práctica el Zulia vivió bajo Estado de sitio y afectado largos años por la bota militar que pisoteó el gentilicio de este pueblo.

Pero esa experiencia dejó por sentado que la vocación por la defensa de la autonomía y la autodeterminación de los zulianos no había sido una expresión sin contenido, cuando el 28 de enero de 1821 había tomado la decisión soberana de sumarse a la emancipación como República Democrática del Zulia, adscrita a Colombia, según lo manifestara en el pronunciamiento de Maracaibo.

Además, podemos ver cómo la élite maracaibera es capaz de asumir los compromisos que se van presentado en la construcción de la región histórica. José Aniceto Serrano y otros son expresión de esa vocación por aceptar los retos que la historia le exige a la dirigencia.

Si bien la derrota fue inevitable y la acción represiva de Monagas fue implacable, lo cual no sólo se manifestó en una represión feroz sino que culminó con el desprendimiento de la Ceiba y la Ceibita que se le otorgó al Estado Trujillo, con lo cual lo más preciado de los zulianos, su lago, se fracturaba en cuanto a la adscripción político territorial. Quizá esta derrota, esta humillación, nos explique el por qué el Zulia nunca más intentó imponerse por la vía militar a las agresiones provenientes del centro del país. Es así, como podemos entender que muchos años después, cuando Guzmán Blanco impone a la afrenta de Capatárida, la respuesta del zuliano no fue la lucha armada. Optó entonces por ser más creativo, más emprendedor y más consecuente con su labor de construir una gran región para los que vivían y vivirán en esta tierra del sol amada.

Manuel Suzzarini B.


Nilda Bermúdez Briñez

Vivir en Maracaibo en el siglo XIX. Maracaibo: Acervo Histórico del Estado del Estado Zulia, 2001.

Nilda Bermúdez ha logrado en este ensayo conjugar su formación, experiencia e inquietudes de Comunicadora Social con una brillante y disciplinada carrera como historiadora para ofrecernos una límpida, amena y bien documentada visión de la vida cotidiana en Maracaibo a finales del siglo XIX. Su investigación se mueve en el difícil terreno de la historia urbana y social.

Desde los autores de la época hasta recientes investigaciones en el campo de diferentes ciencias sociales, entre ellas la historia, han tendido a idealizar el último tercio del siglo XIX como la época de oro de Maracaibo en cuanto a modernización, realizaciones urbanas y vida intelectual. Nilda Bermúdez, con profesionalismo y hasta, por qué no decirlo, con valentía "desacraliza", pone en su sitio a estas décadas.

Habla de un sostenido dinamismo en lo económico, pero revela al mismo tiempo

la existencia de políticas que se resisten a cumplir con los postulados de la condición de república liberal, democrática y moderna y el freno de una población que en su mayoría

se mantiene aún a fines del XIX viviendo dentro de los cánones de la más pura tradición del XVIII español, aferrada a un imaginario histórico, sembrado durante tres siglos, que no se resigna a desaparecer.

Parte casi de cero para construir un marco teórico-metodológico que le permita comprender la vida diaria de una ciudad abandonando la óptica localista, un lugar común en los ensayos conocidos. Se lanza al estudio de lo cotidiano como reflejo del proceso histórico local, regional y nacional; y aún, en un más elevado vuelo, como parte de los factores constituyentes y explicativos de la formación del Estado y de la construcción de la identidad nacional en Venezuela. Para ello se ubica, acertadamente, en la mediana y larga duración retrayéndose a las condiciones socioeconómicas,

Políticas y culturales de la ciudad desde principios del siglo XIX y su vinculación con los orígenes hispanos desde finales del XVIII; de este modo puede distinguir los elementos que permanecen como resultado de la herencia social de los que la modernidad se esfuerza en imponer.

Su amplitud de miras y correspondencia con los principios básicos del conocimiento histórico quedan demostrados al tomar posición teórica en cuanto al concepto mismo de vida cotidiana: es, afirma, “el quehacer diario de una comunidad en un espacio y tiempo determinado; el conjunto de situaciones en las que interviene el colectivo social en función de las actividades que cumple cada uno de los sectores dentro del proceso económico y de su ubicación en la estructura social”.

Para explicar aún mejor esta última acotación, en lo concerniente a la cotidianidad, acude al uso de la categoría del imaginario que refiere al “universo mental entendido como las representaciones que los miembros de una sociedad se forman de la misma o hacen de las relaciones entre los hombre”. Y puntualiza acertadamente: “el imaginario moderno de la elite representaba sólo una parte del imaginario del colectivo; los sectores populares veían y vivían la realidad de otra manera, de allí el antagonismo que se manifestaba en la vida cotidiana maracaibera, generado por la convivencia de distintas formas sociales y culturales (comportamientos, costumbres, tradiciones)… En esas condiciones de vida política [aquí, en el más estricto sentido de la ðïëéó griega] las mejores intenciones de reformar las costumbres sociales se perdían, y se mantenía la contradicción entre la minoría que pretendía ser civilizada y una población mayoritariamente ‘inculta’, con costumbres reñidas con el ideal moral y de vida social de ese grupo dominante”.

En el caso concreto de Maracaibo, esas contradicciones se profundizaban por las características de su ubicación geográfica y proceso histórico; se había convertido en un espacio urbano cercado por el principal puerto del país y una importante área rural de hatos y huertos que le garantizaban la base de su sustento. Maracaibo era ciudad, campiña y puerto a un mismo tiempo.

Multiplicidad de funciones que implicaba, a su vez, la presencia de una población plural. En el puerto, marineros y hombres de negocio de distantes y distintos países del mundo que llegaban y partían continuamente, para quienes Maracaibo era un emplazamiento provisional de pernocta y diversión. En la ciudad, un núcleo estable luchaba por modernizar el espacio urbano y mejorar la calidad de vida sin abandonar sus tradiciones. En los alrededores, campesinos que invadían diariamente a Maracaibo con sus cargas de alimentos y arreo de ganado, y el sucio desorden generado por su actividad económica y sus costumbres. Estas características de ciudad crisol están presentes en este ensayo de Nilda Bermúdez; constituyen el rasgo específico a la hora de estudiar su cotidianidad por las relaciones dialécticas y continuo estado de tensión entre la ciudad real y la ciudad deseada.

En este sentido, importante en su ensayo es el deslinde y contradicciones que descubre, a través de la prensa y los relatos de la época, entre la moderna y atractiva fachada del Puerto y el abandono urbano de la ciudad interior; en tal contraste radica buena parte de las claves históricas para descifrar y caracterizar la vida cotidiana de Maracaibo.

El análisis en un mismo espacio, Maracaibo, de este permanente entrecruce, choque y convivencia de tres mundos con sus distintos hábitos, conductas y modos de vida constituye la tarea emprendida por Nilda Bermúdez, durante varios años, de minuciosa y sistemática consulta de la más variada documentación en archivos, bibliotecas y hemerotecas para obsequiarnos, con pulcra redacción e inéditas ilustraciones, esa imagen de la cotidianidad maracaibera. De las páginas de su obra saltan, con la vivacidad que sólo le puede imprimir una experta en el manejo de los Medios audiovisuales, las condiciones que ofrecía la ciudad puerto a sus habitantes y visitantes en cuanto a hospedaje, servicios públicos básicos, vialidad, ornato, aseo, salubridad, abastecimiento de víveres y útiles para el trabajo; y cómo se reflejaba todo esto en las modas, costumbres sociales y vida familiar.

La minuciosa reconstrucción que realiza Nilda Bermúdez de todas estas facetas de la cotidianidad la posibilitan los numerosos periódicos y revistas consultados, en los cuales se describen e ilustran los más variados aspectos de los hábitos alimenticios, vestimenta, mobiliario, etc. Su interpretación la escudriña en los ensayos, relatos y memorias de testigos de excepción como José María Rivas, Eugene H. Plumacher, Elizabeth Gross y varios más, que sumados a un serio y ponderado análisis de los factores económicos, sociales, políticos y culturales de la época le permiten hilvanar un discurso histórico de acabado y elegante cuño.

El período seleccionado para este ensayo constituye uno de los de máximo interés para la historia zuliana, y venezolana en general. El modelo económico agroexportador había alcanzado en el país un alto grado de consolidación; Maracaibo figuraba como la sede de la Aduana que mayores capitales movilizaba hacia el exterior e interior de su “hinterland”. En lo político se corresponde con la larga permanencia de Antonio Guzmán Blanco en el poder. Uno y otro factor afectaron profundamente las relaciones entre las dos ciudades capitales venezolanas de mayor actividad en todos los órdenes: Caracas y Maracaibo.

También se topa y diserta con maestría sobre los claroscuros de aquellos años en los cuales se cruzan y entrelazan hermosos sueños y duras realidades. Calificaban los maracaiberos a su urbe como "segunda ciudad de Venezuela", aunque su aspecto la asemejase más a una aldea o poblado rural. La mayor parte de sus calles y edificaciones ofrecían un panorama desolador y deplorable, y carecían de elementales servicios como agua y alumbrado. Los aledaños de las ordenadas instalaciones portuarias y elegantes edificaciones mercantiles que miraban al Lago en el frente de La Marina contrastaban de tal modo con el resto de la "segunda ciudad" que obligó a una avalancha de ordenanzas municipales que decretaron el "fiat" de la ciudad deseada o imaginada. La casi totalidad de las disposiciones e iniciativas fueron letra muerta. Era tan fuerte el impulso de este acto volitivo que, aunque las realizaciones urbanas marchasen a paso lento, la nueva ciudad, la ciudad deseada, existió primero en el verbo iluminado de ensayistas y poetas que en la realidad.

Esa secular lucha entre lo que Maracaibo quería ser y lo que sus condiciones económicas, vicisitudes políticas y peso de la tradición le permitían ha quedado plasmada en este ensayo de Nilda Bermúdez. Con él suma a su meritoria carrera como docente universitaria, investigadora y realizadora de importantes trabajos videográficos este hermoso y cautivador libro que marca un hito en los estudios de carácter local y regional sobre la cotidianidad en Venezuela y en el Caribe.

Germán Cardozo Galué 


Zulimar Maldonado Viloria: Maracaibo en la independencia. Maracaibo: Universidad del Zulia, 2003.

Para romper con los estrechos enfoques de las historias patrias y nacionalistas, las investigaciones sobre los procesos de independencia en Hispanoamérica hacen especial énfasis en la visión de larga y mediana duración; cobran importancia la mutación del Antiguo Régimen a la modernidad, el estudio simultáneo y comparado con el curso ideológico y político de los acontecimientos en la península ibérica (especialmente en cuanto al papel de las Cortes de Cádiz), la presencia del Estado español en el territorio americano durante el período, y la caracterización de la contrainsurgencia en varias ciudades y provincias.

El presente ensayo de la historiadora Zulimar Maldonado Viloria da continuidad a estas inquietudes. En él se aborda y se explica por vez primera, a través del análisis de los hechos y del discurso, el caso de la principal ciudad disidente durante el período de la Independencia venezolana: Maracaibo. Con su trabajo, sale al paso al rasgo dominante en la historiografía tradicional que interpreta esta coyuntura bajo la corta mirilla de la visión heroica y fundacional de la nación, sin abrirse en los tiempos medianos y largos a los antecedentes del entramado social del cual surge el proceso emancipador y a su incidencia en la azarosa vida republicana del siglo XIX, especialmente en cuanto a la formación del Estado y a la construcción de las identidades locales, regionales y nacional. Algunos trabajos publicados que lo han precedido, aunque deslastrados de la visión “patriótica”, persisten en el análisis e interpretación desde la historiografía centralista y nacionalista tradicional, que no toma en cuenta la presencia y participación o no de las demás localidades y provincias con sus antecedentes socio histórico, reacciones ante la coyuntura independentista y participación en ella.

Zulimar Maldonado V. estudia la Independencia venezolana desde una perspectiva regional. Este enfoque, además de estar más apegado al proceso en la mediana duración que señala la transición de las sociedades monárquicas a republicanas, de una pluralidad de espacios desarticulados en lo socio-económico político, jurídico y militar a una propuesta nacional, se corresponde con la formación y definición de regiones históricamente vinculadas a su interior, durante casi tres siglos, por importantes procesos económicos y sociales, que dieron origen a diferentes respuestas durante estas cruciales décadas.

El estudio de tan fundamentales antecedentes sociodemográficos y su dialéctica participación durante los años de la Independencia aclaran y enriquecen el complejo panorama de alianzas y disidencias provinciales que caracterizaron este período en Venezuela, y prepara para la comprensión de la constante secuela, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, de revueltas, pronunciamientos, revoluciones, levantamientos, hasta el surgimiento del Estado Nacional.

De este modo, el ensayo de Zulimar Maldonado V. aporta importantes datos para la comprensión de la actitud disidente de la Provincia de Maracaibo, espacio que permaneció como parte de la Monarquía española durante la coyuntura de la Emancipación, desde 1810 hasta 1821, junto a Coro y Guayana que lo hicieran por menos tiempo; y sale al paso a la ausencia de estudios históricos sobre la continuidad del poder real en territorio venezolano, durante la coyuntura emancipadora.

Situándose en el importante período de transición del Antiguo Régimen a la política moderna en el mundo hispano, la autora rescata las características de los pueblos que acceden a la Independencia y de las elites que los representan. Aparece una confrontación, crucial para los derroteros que va a tomar la futura historia de Venezuela. De un lado, el sector dirigente mantuano que, radicado en Caracas, asume y defiende, dentro del marco de la emancipación de España, el moderno concepto liberal de soberanía popular que la hace descansar en la suma de las voluntades individuales del “pueblo” (ente abstracto que se irá definiendo a lo largo del proceso); del otro, una mayoría que se piensa como parte de un colectivo y alimenta su imaginario histórico con el tradicional concepto de soberanía de “los pueblos”, que habla de "patria" o “país” para identificarse con su inmediato entorno geohistórico, y que, apuntalado en todas estas características, asume autónomamente su incorporación a la Independencia y/o la pertenencia al nuevo país dentro de un sistema político federal que garantice sus fueros centenarios.

Para fines del siglo XVIII, en las capitales de jurisdicción y de Provincias de la Capitanía General de Venezuela ya se había iniciado, como resultado del desarrollo socioeconómico y reciente introducción de la modernidad política, la transformación de los antiguos linajes en elites; los “notables”, como se los designaba en la época, constituían "grupos de interés", de cúpula en diferentes actividades económicas, científicas, políticas y culturales, enlazados por vínculos y solidaridades familiares o adquiridos que les permitían conservar la riqueza, status social y control del poder local y Regional. La elite creaba, como grupo social, sus propios mecanismos y normativas para fortalecerse y mantenerse como tal. Lucía como un colectivo conservador de los valores, costumbres y estilo de vida de los antiguos linajes pero abiertos a las nuevas corrientes de pensamiento: oscilaba aún entre la tradición y la modernidad. Era una elite <<multifuncional>> compuesta de los linajes en vía de desaparición, funcionarios públicos ilustrados, comerciantes, propietarios, militares y eclesiásticos.

Esta elite criolla fue reforzada en Maracaibo, en el siglo XVIII, por una importante inmigración de comerciantes vascos y catalanes y luego, a inicios de la República, por la presencia de hombres de negocio ingleses, franceses e italianos, principalmente. El proyecto político implícito en su praxis social estuvo orientado a la consolidación de Maracaibo como centro administrativo y económico de la región histórica, que comprendía al occidente de la anterior Capitanía General de Venezuela y del nororiente de la Nueva Granada.

Los logros de este proyecto se evidenciaron al mantener Maracaibo su preponderancia por encima de las vicisitudes de la guerra de Independencia y de las nuevas divisiones jurídico-administrativas internas e internacionales. Esta elite tuvo como horizonte político fundamental el fortalecimiento de su identidad local; la condición de habitantes de una periferia con áreas productivas que dependían para su comercialización del puerto de Maracaibo obligó al resto de los actores sociales regionales a establecer redes de intereses que permitieran el funcionamiento del gobierno provincial y de su circuito agroexportador.

En la Maracaibo, de principios del siglo XIX, esta elite aún mantiene los rasgos esenciales heredados de la organización social monárquica. De allí que conserve valores tan antiguos como la herencia aristocrática, títulos nobiliarios, distinciones militares, etc.

Aspecto de gran importancia en el caso de Maracaibo, para el análisis de la coyuntura de la Independencia, por cuanto la estructura elitista monárquica se conservó casi intacta, por más de una década, luego de la ruptura del nexo con España. Los grupos familiares se habían mantenido fuertemente cohesionados a través de vínculos y solidaridades, lo que les permitía el control del poder político.

El ejemplo más notorio de la percepción de este proceso unificador lo descubre y analiza la autora en los escritos y actuación de una de las figuras representativas y vocero oficial de la elite maracaibera de la época: José Domingo Rus, actor social de primera línea durante la coyuntura de la Independencia, cuando Maracaibo se convirtió en la ciudad disidente de este movimiento y proclamó su adhesión a la Monarquía española.

Los notables maracaiberos, ante la imperiosa necesidad de consolidar el espacio regional que controlaban, inconformes por haber sido incorporados a la Capitanía General de Venezuela en 1777, y por los sucesos del 19 de abril de 1810 liderados por los mantuanos caraqueños, autorizaron al Diputado José Domingo Rus, nativo de Maracaibo, para que gestionara ante las Cortes de Cádiz la solicitud de constituir en el occidente venezolano la Capitanía General de Maracaibo, compuesta de todas las jurisdicciones de su provincia, además de Río Hacha, Coro, Carora, y Pamplona, Valles de Cúcuta, Salazar de las Palmas y San Faustino pertenecientes al virreinato de Santa Fe.

Con sus discursos y representaciones ante las Cortes de Cádiz (1812-1814), Rus, según Zulimar Maldonado V., revela el imaginario histórico y las pretensiones autonómicas de una elite que se considera con el derecho de figurar al frente de los destinos de su Provincia. El discurso sobre la identidad regional se inicia cuando solicita y argumenta la separación de la provincia de Maracaibo de la de Caracas para que sea elevada a Gobernación y Capitanía General.

Pero, Rus también critica abiertamente al sistema de administración español en América, y plantea la tesis autonomista que compartían la elite y el sector oficial maracaiberos. Esta posición autonomista en nada contradecía la fidelidad a la Monarquía, repetida en todo momento por el diputado Rus. La elite maracaibera pretendía reasumir su soberanía dentro de la estructura monárquica que le podía asegurar el goce de los privilegios autonómicos.

La actitud asumida por José Domingo Rus ante el proceso independentista desencadenado en el resto de la Capitanía General de Venezuela, es, igualmente, reveladora de las diversas modalidades de ilustración y liberalismo que se debatían en las Cortes de Cádiz, analizadas por la autora extensamente. Claramente expone su apego a la legitimidad de la Monarquía, pero pugna por el otorgamiento de mayores libertades y privilegios autonómicos para la Provincia de Maracaibo. El enemigo común de la nación española y de las provincias americanas era Francia, pero, también, el absolutismo real. Este ensayo revela a un Rus crítico del sistema colonial y de los excesos que, en nombre de la Metrópolis, se cometían en la administración de los territorios americanos. Rus no descartó por completo la posibilidad de la emancipación, al afirmar: “... la independencia de América por ahora no cabe en la cabeza de un americano bien organizado. Tiempo vendrá en que V. M. sea el primero en conocerla por fundamentos que la sucesión de ellos mismos presente...”

A través de sus numerosas gestiones en lo económico, político y cultural para consolidar la región histórica marabina, Rus permite comprender los motivos que llevaron a la elite marabina a oponerse a la propuesta independentista de Caracas: la provincia había logrado a fines del siglo XVIII y principios del XIX hacer dinámicos a los distintos circuitos comerciales gracias a la presencia de vascos, catalanes y la definitiva reestructuración del eje comercial Maracaibo-San Cristóbal- Cúcuta. Esta coyuntura fue favorecida por las reformas económicas de la monarquía orientadas a reactivar el tráfico directo con España que permitieron, a través de la vía legal o de contrabando, la penetración de capital europeo. Maracaibo, y su elite vinculada con la andina y nororiental de la Nueva Granada por enlaces matrimoniales y concertación de negocios, se había consolidado como centro regional de este espacio funcional. La conciencia de las potencialidades reales del <<hinterland>> que rodeaba a Maracaibo y de la preeminencia - no menos cierta- que había adquirido como ciudad-puerta del occidente de la, entonces, Capitanía de Venezuela, impulsó a su elite a jugarse el todo por el todo, en 1810, con la esperanza de consolidar sus pretensiones autonómicas y quizás un nuevo espacio nacional.

En su ensayo, Zulimar Maldonado V., además de dar a conocer y de estudiar a José Domingo Rus, exponente destacado del pensamiento ilustrado en Hispanoamérica, argumenta con novedosas fuentes y sólidos fundamentos cómo tan autonómica fue la actitud de Maracaibo ante las Cortes de Cádiz como la de los ejércitos libertadores ante España; tan liberales los soportes ideológicos de su posición política como los de los mantuanos caraqueños. Los diferenciaban antecedentes históricos, objetivos y medios.

Ambas posiciones fueron resultado de la particularidad de uno y otro proceso histórico.

Quedan abiertos, con esta obra, nuevos caminos para la comprensión de tan importante momento de la historia venezolana, y para el Zulia se asientan las bases históricas que explican, a lo largo de los siglos XIX y XX, su permanente defensa de la autonomía como Estado en medio de las pugnas centro-federales.

Germán Cardozo Galué


Marisol Rodríguez Arrieta

Manumisión y abolición en la Provincia de Maracaibo (1810 – 1864). Maracaibo: Acervo Histórico del Estado Zulia. 2003. N° 8.

Constituye este ensayo una novedad en la historiografía venezolana por el tratamiento bajo la perspectiva regional y en la larga duración de la esclavitud, manumisión y abolición de la población de origen africano. Tal enfoque ha permitido a la autora, gracias al acercamiento que logra de lo específico en las diversas localidades de la provincia de Maracaibo durante el siglo XIX, aportar una visión de conjunto de este proceso y sus implicaciones para la construcción de la nación y caracterización de la sociedad venezolana.

En la historiografía publicada hasta el momento sobre el tema han privado rasgos limitantes para su cabal conocimiento e interpretación; son, en su mayoría, estudios generalizadores escritos desde un punto de vista y fuentes de la región norcentral venezolana que tratan a la población negra como objeto de explotación o componente étnico, sin considerar la naturaleza de sus relaciones con el resto de la sociedad y con la historia del país.

Marisol Rodríguez Arrieta nos convida en este libro a un acercamiento global hacia este importante grupo que participó en la construcción de la nación venezolana y enriqueció nuestra identidad con su legado cultural. Va más allá de los tradicionales enfoques sobre el impacto económico de la manumisión y de la esclavitud en las clases poseedoras.

Sale al paso a una de las críticas que se han hecho en la historiografía reciente sobre los estudios de la <<cuestión nacional>>. En su clásico ensayo Naciones y nacionalismo desde 1870, Eric Hobsbawn afirma la naturaleza dual de estos fenómenos "construidos esencialmente desde arriba, pero que no pueden entenderse a menos que se analicen también desde abajo, esto es, en términos de los supuestos, las esperanzas, las necesidades, los anhelos y los intereses de las personas normales y corrientes".

Ese “desde abajo” remite a las múltiples raíces étnicas de la identidad nacional, entre otras. Pero, aunque nos confesamos descendientes de aborígenes, españoles y negros, no explicamos el cómo ni su alcance en la formación social venezolana más allá de una visión antropológica. Prevalece y permanece el tratamiento de objeto vitrina tanto del indígena como de la negritud sin insertarlos en la dialéctica histórica del país. Esta omisión nace del peso ideológico que ha tenido el papel de las elites civiles y militares en los estudios sobre la construcción nacional, es decir la exclusiva interpretación “desde arriba” de nuestro proceso.

En su ensayo la autora relaciona acertadamente los inicios del derrumbe en Venezuela de la institución esclavista con la coyuntura hispánica de la transición del Antiguo Régimen a la modernidad y el período de la Independencia. Conceptos como libertad e igualdad, banderas ideológicas y políticas de la época, adquieren mayor sentido histórico al explicarse la contradicción que representó para las elites librar al territorio de la Capitanía General de Venezuela del dominio español conservando la esclavitud de la población de origen africano. Esta contradicción presidió y orientó las paulatinas medidas de prohibición del tráfico de esclavos en 1810 y 1811, la oferta de libertad para los que se incorporaran a los ejércitos independentistas y la Ley de Manumisión de 1821. La autora va más allá, relaciona la dificultad que implicó para las elites dirigentes asumir actitudes libertarias hacia la población negra con la de crear en el imaginario del resto del colectivo el convencimiento de que la Independencia les había conquistado la libertad ciudadana y todo lo que implicaba su ejercicio.

Ilustran estos momentos, así como la totalidad del ensayo, un acucioso examen e interpretación de la rica documentación contenida en los archivos de la antigua

Provincia de Maracaibo. Con amena erudición se presenta la cotidianidad en que se desenvuelven los actores que participan, esclavistas y esclavizados, en el lento proceso de manumisión y se reconstruye la rápida comprensión por parte de la población afrodescendiente del significado y alcance de la palabra libertad. En contraste, menos rápido aparece el disfrute de la libertad en una sociedad que no estaba preparada para recibir a aquella población a la que tradicionalmente consideraron como inferior. Lento es el proceso de su incorporación como mano de obra libre al lado de los jornaleros, peones o sirvientes, quienes, por demás, en la práctica constituían formas encubiertas de esclavitud.

También es de destacar en esta obra el estudio de lo local sin perder de vista los ámbitos regional y nacional. De manera rigurosa se entrelaza el relato de las particularidades que acompañan en el camino hacia la libertad a los esclavos de los diferentes poblados y cantones con la especificidad del momento que vive la Provincia de Maracaibo y Venezuela. Esto origina en el lector la sensación de estar presente y de participar en los complejos vericuetos de la construcción nacional, tarea que asomó apenas consolidada la Independencia. Como se demuestra con este estudio, lograrlo fue el resultado de un continuado esfuerzo por adecuar, en todas las esferas públicas y privadas, el discurso político, la legislación y la realidad heredada del prolongado vasallaje monárquico al nuevo estado de sociedad democrática y soberana. En este empeño destaca la autora el papel y creatividad de la sociedad marabina para adaptar la legislación y disposiciones del gobierno central a las características específicas de la región.

Germán Cardozo Galué


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