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“La Chinita” celebra mañana 42 aniversario Yanivis Florián Cadena Maracaibo, 15 de Noviembre de 2011.- El Aeropuerto Internacional La Chinita celebra mañana su 42 aniversario, con un balance de movilización de seis mil quinientos pasajeros diarios, en promedio, y la inauguración de una feria artesanal cooperativa Wayuu e Hijos del Sol, en la nave central del terminal. La celebración comenzó el pasado sábado, con
actividades deportivas y se extenderán hasta el viernes 17, con la
culminación de la exposición. “Todos los años le damos gracias a Dios y a la Chinita por permitirnos ofrecer un buen servicio. Me siento muy complacido y contento de festejar este aniversario”, expresó Javier Torres, quien lleva cuatro años trabajando como policía aeroportuaria. A las 3:00 pm arribó al aeropuerto zuliano una delegación deportiva de Aruba para sumarse a la celebración. También se bendijo los botones de reconocimiento que se les entregaron, ayer mismo, a los trabajadores por cada quinquenio de labor. Las autoridades del aeropuerto extendieron una invitación a la comunidad en general a un musical que ofrecerán las agrupaciones gaiteras de Corpoelec, Corpozulia y Revolución Gaitera. Mañana, a las 9:00 am, se realizará una jornada social, en la que participará Mercal, Saime, Seniat, el Instituto Nacional de Tránsito. Se cumplen 42 años de tragedia en Grano de Oro Juan José Faría Las causas del accidente aun se discuten y los rumores rodean los motivos. Hoy recordamos aquella tarde en la que dos sectores y el mismo cielo se unieron para crear un solo infierno en Maracaibo
Maracaibo, 16 de Marzo de 2011.-
Cada año se toma como protagonista uno de los sobrevivientes del
terrible accidente que enlutó Maracaibo y Venezuela en 1969. Hoy, a 42
años de la tragedia del vuelo 742, se rememoran con números y detalles
el infierno que se vivió entre Ziruma, La Trinidad, y Viasa, la
aerolínea por excelencia para ese entonces. Texto: Mariana Albarrán Pasini La actividad petrolera en la región impulsó el desarrollo aeronáutico. Los usuarios soportaban calor y ruidos.
“Cerré mis ojos por temor a observar cómo me separaba el avión del suelo. Mis oídos se llenaron de aire. Nunca olvidaré ese viaje, ya que mi mamá redactó su testamento un día antes, por si no sobrevivíamos al periplo”. Parra confiesa a sus 71 años, que en los 40 y mediados de los 50, los aviones sólo eran considerados seguros para el transportar cartas. “Uno viajaba de día. Los aviones no tenían aire acondicionado y las sillas eran muy estrechas. Muchas personas preferían continuar viajando en los vapores, los caminos de bestias, en ferrocarril o en autobuses por las trochas, acompañados de sus baules”, dice. El historiador Orlando Arrieta recuerda que cuando un miembro de la familia viajaba vía aérea, se convertía en todo un acontecimiento social. “El boleto lo adquiríamos en la agencia América, ubicada en la calle Aurora. La Línea Aeropostal Venezolana (LAV) era la principal prestadora del servicio”. El historiador cuenta que a finales de la década de los 40, necesitó trasladarse a Caracas y decidió seleccionar el avión, como su medio de transporte. “Nos regalaron varias pastillas de chicles al embarcar, para ser masticadas al momento de despegar. Realizamos una parada en la Vela de Coro. Recuerdo que la nave tenía dos motores y el espacio era muy limitado y los asientos estaban distribuidos en dos columnas, que no sobrepasaban tres puestos”. Las condiciones tan básicas de seguridad y confort que ofrecían las líneas a sus usuarios provocaban que algunos deportivas, políticos, médicos y ciudadanos se negaran a movilizarse de un lugar a otro a través de las alturas. “El hecho de que figuras como Carlos Gardel y Pedro Infante fallecieran en accidentes aéreos influyó de manera significativa en el colectivo”, dijo Pedro Maldonado, quien trabajó como cargador en el aeropuerto de Grano de Oro. Maldonado confesó que habían pasajeros que a último momento se arrepentían y perdían el vuelo. “Los caballeros, en ocasiones llegaban horas antes de su viaje a la fuente de soda del aeropuerto para consumir algunos tragos que los ayudaran a vencer su temor”. El cargador también precisó que en las salas de espera se observó, cualquier tipo de situaciones. “Hubo un señor apellido Alizo que en múltiples ocasiones intentó abordar un avión y nunca se atrevió, porque manifestaba que no se quería morir dentro de un pájaro de lata. Años, después me enteré que el avión que cayó sobre La Trinidad, alcanzó su casa y murió en el incidente”. Pese a los temores de los zulianos, la brevedad de los recorridos entre municipios, ciudades, países y continentes favoreció a la industria aeronáutica en el país. La explotación petrolera también influyó en el auge de los vuelos comerciales. Para los años 50, ya se empleaban aviones modelos Douglas DC8, que recorría 900 kilómetros por hora y tenían capacidad de transportar 100 pasajeros, desde Lagunillas y Mene Grande hasta la capital zuliana. La demanda de usuarios provocó que los servicios aéreos fueran extendidos al horario nocturno. “En 1955, se empezaron a ofrecer los vuelos nocturnos ya que se pensaba que el rendimiento de los motores era mejor, la red de comunicaciones funcionaba mejor y el clima era más fresco”, apuntó Jorge Chacín, extrabajador de una agencia de viaje. Según Chacín, un pasaje nocturno para Maiquetia, costaba 86 bolívares y le otorgaba el derecho a los pasajeros a ser trasladados gratuitamente hasta Caracas. Diariamente se registraban más de 100 personas para los servicios que se ofrecían después de las 6:45 de la tarde. Aunque en la región se han registrado dos siniestros de importancia, la fatalidad no ha impedido que aviones tipo Comet y Boeing, aterrizan y despegan, a cualquier hora del día, desde noviembre de 1969, en una moderna pista de 3.000 metros de longitud del Aeropuerto Internacional La Chinita, donde los pasajeros sólo expresan su deseo por llegar pronto a su destino nacional o internacional. La primera pista: el Lago A la vista de los marabinos, concentrados en la plaza El Buen Maestro, a orillas del Lago de Maracaibo, un hidroavión realizó una exhibición, en febrero en 1919. El capitán Licxir Arrieta, enfatizó que previo a la llegada del hidroavión fue Frank Boland, el encargado de realizar los primeros vuelos en la ciudad, acción que realizó en dos oportunidades, alrededor del sector Boburito, espacio donde se encuentran actualmente los mercados de Las Pulgas y Las Playitas Arrieta también apreció que en 1924, un hidroavión pertenecía a una empresa colombiana, llamada Scadta , realizó operaciones en la ciudad. La nave llegó procedente de Barranquilla y partió hacía Brasil, pero antes fue utilizada para hacer las primeras tomas áreas de Maracaibo, una ciudad de 50 mil habitantes. Los hidroaviones fueron empleados desde entonces para realizar paseos de 15 minutos por el Lago y el pasaje tenía un costo de 50 bolívares y hasta inspiraron a los compositores de gaitas que dedicaron un tema a este medio de transporte.
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