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Fundrama Por lo nuestro

 

Henry Semprún y Richard Olivero, de Fundrama Foto: García Areias

En Maracaibo, al hablar de teatro se cambiaron todos los conceptos existentes de grandes salas, convocatorias multitudinarias y obras de autores famosos internacionalmente.

Desde el año 2004, Henry Semprún y Richard Olivero se han dado a la tarea de que en la región se conozca la obra de la dramaturgia regional directamente en las comunidades de menos acceso al sector cultural. La Fundación para el Desarrollo de la Dramaturgia Regional (Fundrama) nació con la intención de llevar el teatro a la gente común, al vecino, al señor de la esquina, al trabajador, a la ama de casa.

"Nuestra finalidad es recrear, publicar y difundir obras de dramaturgos zulianos. Lorca y Lope de Vega han sido nuestras referencias, pero aquí (en el Zulia) existe tanta gente talentosa que queremos darlas a conocer", comenta Henry.

AMOR AL ARTE

Con recursos propios, Semprún y Olivero fueron dando vida a Fundrama; el estacionamiento de la casa familiar de Henry se convirtió en la sala de presentaciones para obras de tanta gente del Zulia que tenía muy poca cabida en teatros de gran escala, y el llamado fue escuchado.

Los vecinos del sector Valle Frío se acercaban poco a poco a observar y con el tiempo a participar. De gran apoyo ha sido el consejo Comunal Batalla de Pichincha, con el que Fundrama ha hecho una dupla perfecta para su funcionamiento.

La frase "por amor al arte" nunca antes tuvo tanta razón de ser como en esta oportunidad. Henry y Richard han corrido con muchos de los gastos que han surgido para el mantenimiento de Fundrama.

En 2006, y gracias a esa colaboración del consejo comunal, surgió el proyecto de la Sala Comunal, en el mismo estacionamiento de la casa de Henry. Allí se comenzó la construcción de la salita de 14x 6 metros de área, finalmente inaugurada a finales del año pasado.

Para todos

La experiencia adquirida al formar parte del Teatro Estable de La Universidad del Zulia (Teluz) les ha servido para ser capacitadores y formadores de nuevas generaciones. En Fundrama la comunidad es la protagonista de sus propias actividades, sobre todo los niños.

"Siempre que vamos a realizar alguna actividad específica, en la sede comenzamos a hacer sonar un determinado tema musical, que se ha convertido en una alerta para los más pequeños. Ellos siempre están pendientes de nuestras presentaciones", comentan a dúo Semprún y Olivero.

Esa pasión por el teatro, les enseñó que con la cultura se puede lograr un cambio efectivo y así lo han demostrado en su comunidad, viviendo día a día el interés de la población por la actividad teatral.

'Señoras de Maracaibo' 30 de Abril Teatro Bellas ArtesSeñoras de Maracaibo, jocosidad sobre las tablas

Andreína Gil

Humor, drama y remembranzas se conjugan en propuesta de Fundrama

El escenario está decorado con un gran sofá antiguo de tres puestos y una mesa de centro, larga y adornada con objetos de cerámica. Tres mujeres están sentadas y a un lado, de pie, está la cuarta, todas maracuchas y a juzgar por su vestimenta, amas de casa. Están reunidas rezando, pero al mismo tiempo se miran entre ellas de arriba abajo con miradas destructoras y de envidia. Esa es la forma en la que las Señoras de Maracaibo reciben al público. De inmediato las risas y carcajadas de la audiencia se escuchan como una cadena en reacción al inicio del espectáculo, que desde su comienzo promete entretener al público con humor.

Dalia y su historia contada por teléfono
Primera escena: Dalia es una señora grande y robusta. Lleva puesto un vestido de ama de casa que deja ver un medio fondo debajo de la falda. En sus pies tiene unas pantuflas. Comienza su monólogo tarareando una canción, mientras toma una escoba y barre, repica su teléfono y conversa con una vecina sobre los esposos infieles. Su historia y la de su esposo Riqueldo sale a relucir. A la par, Dalia regaña a sus hijos a gritos desde la sala: “Sacáte la caraota de la nariz porque después te crece una mata”. “Si los nervios se operaran ya se me hubieran ido los puntos…”. Y en la conversa telefónica, que se extiende en su monólogo, menciona frases como: “De este jagüey ni un guasarapo”. Mientras transcurre su historia, el público se identifica con el lenguaje maracucho que caracteriza al personaje, que sale de escena tras “echar una rezaita”.

Guillermina, educada para ser reina
La siguiente señora de Maracaibo que aparece se llama Guillermina. “Fui criada para ser reina”, dice. Su apariencia es menuda, lleva un velo en la cabeza que la hace ver como una mujer religiosa, está más arreglada, pero con mal gusto. Lamenta su suerte porque después que sus padres le dieron todas las comodidades hoy se siente cachifa de su casa. En su aparición le cuenta al público la historia de su vida, de cómo han cambiado sus modales después de haber aprendido a decir la palabra “verga” y de lo insignificante que se siente para su esposo y sus hijos. Sin embargo, está orgullosa de sentirse la más cristiana de todas a pesar que desde la infancia la llaman “santurrona”. Sigue al lado de su esposo Osorio porque lo quiere, aunque él prefiera jugar caballos y la haya sacado de su casa de La Florida para llevarla hasta el barrio Santa Teresita a pasar calamidades.

Marucha, cambiada por una meretriz
Marucha Boscán entra en la sala corriendo y dando gritos por la desesperación que le produce “la música del ros” como la llama. El rock le resulta intolerable: “cargo una puntada en el cerebro”. Y le ordena a gritos, a su hija Jennifer, que la quite mientras se unta Vick Vaporub en la frente y el cuello. Recuerda sus experiencias en El Naiguatá, El Catirito y El Club Alianza, dónde bailaba al ritmo de la Billo’s. Narra la vez que se escapó en la madrugada y ganó un concurso de baile que casi le cuesta un “viaje” de correazos. Marucha huyó con el padre de sus hijos, Antonio Semprún, para una casa alquilada cerca de la Plaza el Buen Maestro. Tuvo nueve hijos y su “marido”, porque nunca se casaron, la abandonó por una meretriz del bar El 13 Rojo, con  quien se casó y le compró una casa. Él regresó, pero ella lo botó a “manguerazos”. Caso de la vida real.

Mística,  una muda que vive de lavar ropa
La cuarta señora sobre las tablas es Mística, una muda. Su historia tampoco escapa de la mala suerte. Entra al escenario con una bolsa de ropa lavada y planchada, pues ese es su trabajo luego de que el marido, quien trabajaba en una petrolera, le dijera que iba a comprar cigarros y la abandonara para siempre con sus cuatro hijos. Habla con señas y se esfuerza para pronunciar algunas palabras mientras intenta contar la historia de la vida que le ha tocado llevar. En su juventud fue muy hermosa y tuvo muchos novios. Trabajó en la Coca-Cola hasta que se casó de velo y corona. Al verse abandonada por su esposó, regresó caminando, desde Cabimas, con sus cuatro hijos.  Llegó a casa de su amiga Marucha, porque sabía que no tenía esposo, y levantó a sus hijos con trabajo duro.  Hoy se ríe de su desgracia y la cuenta como anécdota. Al igual que el resto se despide rezando.

LOS INTÉRPRETES

  • Ricardo Lugo es “Dalia”
    “Inspiré el personaje en varias anécdotas de mi familia, me las contó mi madre y hoy se pueden interpretar de forma jocosa, a lo mejor en ese tiempo tuvieron otro sentido. La esencia del personaje es la unión de historias familiares. Es la primera vez que interpreto a una mujer y también es la primera vez que escribo una pieza de teatro”.
  • Carlos Guevara es “Guillermina Vilchez de Osorio”
    “Mi guión lo escribí tomando información de la calle, me basé en la literatura oral que se tranmite de generación en generación. Guillermina es una señora que vivió con muchas posibilidades económicas, pero termina siendo la sirvienta de su casa. La obra también es un homenaje a las mujeres maracuchas que levantan sus hogares”.
  • Henry Semprún es “Marucha Boscán”
    “Por primera vez después de muchos años volví a actuar y decidí que el personaje a interpretar sería mi madre. Mi mamá es una señora de Maracaibo. El guión que escribí es basado en su vida y el personaje es un poco explosivo. Quisimos registrar esa historia local de la mujer y de la señora maracucha popular bajo la dirección de Richard Olivero”.
  • José Bermúdez es “Mística”
    “Mi personaje es una señora muda y por la necesidad de la palabra y de texto recurro al lenguaje de los signos y símbolos. El personaje está basado en algunas anécdotas de la vida real, como es el caso del esposo que dice que comprará cigarros y abandona a la mujer, esa es la historia  de una amiga. Elegí que mi personaje fuera mudo por la jocosidad que eso genera”.
  • Richard Olivero, el director
    “Todo inicia con una invitación de Fundrama (Fundación para el Desarrollo de la Dramaturgia Regional) para homenajear a Homero Montes y Fernando Perdomo (fallecido) quienes fueron unos íconos en el teatro zuliano. Ellos interpretaron unos personajes muy arquetípicos de la mujer maracucha. Es un homenaje a estos dos actores”.

 


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