PROGRAMACIÓN SEMANAL

 

 


Carlos Aguirre "El Titiritero Mayor"

 

Texto: M. Contreras

 

“Los títeres, los cuentos y los niños nacieron el mismo día (...) y son portadores de alegría, amor, imaginación y esperanza”. Así los define Carlos Aguirre, un dramaturgo, director, compositor, productor, locutor y titiritero, a propósito de celebrarse los 40 años del teatro universitario de títeres Chímpete Chámpata.

“Los títeres, los cuentos y los niños nacieron el mismo día (...) y son portadores de alegría, amor, imaginación y esperanza”. Así los define Carlos Aguirre, un dramaturgo, director, compositor, productor, locutor y titiritero, a propósito de celebrarse los 40 años del teatro universitario de títeres Chímpete Chámpata. Maracaibo, 26 de Mayo de 2009.- “Los títeres, los cuentos y los niños nacieron el mismo día. Son hermanos. Usan las mismas metáforas y se visten con ellas, confundiendo muchas veces a quienes los ven, por eso los mayores los llaman seres de la edad de oro. Algunos no saben aún que los títeres, los cuentos y los niños son portadores de alegría, amor, imaginación y esperanza”.

Llegar a esta conclusión del mundo de los títeres le llevó a Carlos Aguirre 40 años de su vida; tiempo en el que ha reforzado su oficio de titiritero y le ha servido para expresarse como dramaturgo, director, compositor, productor y locutor. Para celebrar prepara un espectáculo — aún sin fecha— que compartirá con los marabinos en un espacio cultural de la ciudad.

—¿Cómo se enamoró del mundo de los títeres?

—Mis primos y yo éramos niños tremendos y mi tía Mercedes nos asustaba con Fantoche, un títere que ella manipulaba cada vez que nos portábamos mal. Recuerdo que nos decía: “Ajá, aquí estoy yo... ustedes me conocen, saben que soy el que se lleva a los niños tremendo”. Sin duda, la hermana de mamá sembró en mí —sin saber nada de estas cosas— la inquietud de ser titiritero.

—¿Qué aprende un titiritero en 40 años?

— Como espectador y actor titiritero aprendí lo importante que son los títeres, que no son más que una metáfora que está muy cerca de la poesía. El títere es el arte más completo que hay, porque maneja lo visual, lo escénico y lo plástico.

—¿Para qué sirven los títeres?

—Es un recurso didáctico, más nunca debe suplantar a un maestro, porque lo mataríamos como espectáculo. Tanto a los niños como a los adultos los invitan a la participación, la estimulación de la creatividad, siembra y cambia valores e invita a ver el mundo de distintas maneras.

—¿Cómo evalúa el arte de títeres en Venezuela?

—Hay un desarrollo. Cuando yo empecé no había titiriteros, hoy día ya es un oficio, pero necesita impulso y nueva dramaturgia.

— ¿Qué anécdota especial recuerda?

—Cuando trabajaba en el Chímpete había una niña con síndrome de Down que asistía todos los domingos. Un día sus padres se acercaron a decirme que no se quería tomar la sopa. En medio de la función Leoncio (el león presentador) dijo que tenía que irse porque iba a tomar sopa. La semana siguiente sus padres me manifestaron que la niña no quería despegarse de la olla de sopa. En ese momento comprendí que el mensaje de los títeres llega y que podemos influir para bien en nuestro público.


Títeres: El Chímpete Chámpata y su verdad maravillosa

 

Texto: Mercedes Contreras

El grupo de títeres de la Universidad del Zulia celebra cuatro décadas deleitando en su cajón de los sueños.

El grupo de títeres de la Universidad del Zulia celebra cuatro décadas deleitando en su cajón de los sueños. Maracaibo, 16 de Mayo de 2009.- Durante cuatro décadas el Chímpete Chámpata ha recreado la “verdad maravillosa” que en algún momento mencionó el maestro venezolano del títere Fabián de León; además de haber caminado con éxito sobre la delgada línea entre la realidad y la ficción.

La agrupación, adscrita a la dirección de cultura de la Universidad del Zulia, de a poco se fue convirtiendo en “oficiante de la cultura, orientadores y difusores de la estética”, describió Alexis Andarcia, quien desde 1997 dirige al grupo titiritesco.

En mayo de 1969, cuando se abrió por primera vez un pequeño teatrino elaborado con retacitos de tela, Maracaibo se convertía en la tercera ciudad en contar con una agrupación de este tipo.

Laura Antillano (directora fundadora), Luz Marina Gutiérrez (directora artística), Carlos de la Cruz, Eunices Leal, Dalia Parra, Walter Villasmil y Carlos Aguirre fueron los que encarnaron los personajes de La princesa de las flores y La flor milagrosa, las dos primeras obras que fueron aplaudidas en la escuela Rafael Urdaneta (en Sabaneta), lugar de su debut.

“A la gente le gustó mucho. El público, integrado por unos 300 niños se conectó muy rápido con las propuestas, que al igual que en estos momentos pretendían sembrar y reforzar los valores de la tolerancia, el amor, el respeto, la amistad y la justicia”, expresó Carlos Aguirre, uno de los fundadores y quien tuvo la responsabilidad de dirigir al grupo desde 1974 hasta 1997.

Aguirre fue quien dio por primera vez la voz a Leoncio (títere que todavía conserva), un león que desde la segunda función se convirtió en el presentador oficial.

Andarcia, al llevar su mente cuatro décadas atrás, recordó que el “movimiento titiritesco a finales de los años 60 era una forma de conectarse con la sociedad, de llevar un mensaje, tal vez politizado; pero su fundadora, Laura Antillano, luchó para que el Chímpete no se convirtiera en un instrumento ideológico. Ella conservó lo de hacer un trabajo para la recreación, sin caer en los modelos. Eso marcó la diferencia e impidió que muriéramos como le sucedió a otros elencos de la época”.

El grupo de títeres de la Universidad del Zulia celebra cuatro décadas deleitando en su cajón de los sueños. El nombre de la agrupación se debió a una sabia ocurrencia del poeta, periodista y ex integrante Blas Perozo: “La primera sede del Chímpete se ubicó donde actualmente se encuentran las oficinas de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, en el Centro Bellas Artes. Allí algunas veces me quedaba sólo y un día —como especie de broma— puse en la puerta una nota que decía: ‘Taller de Títeres Chímpete Chámpata”.

La sugerencia de Perozo —extraída de una obra del poeta argentino Javier Villafañe— fue aceptada por el resto de los titiriteros, entre ellos Teresita Ojeda, Fanny Acosta, Aristóteles Soto, Jesús Cendrós y Cósimo Mandrillo.

En 1972 el joven grupo se instaló en “La Casita”, como llamaban a la pequeña edificación ubicada en Grano de Oro. En la actualidad esas cuatro paredes se convirtieron en un cómodo auditorio y un entretenido parque en el que los niños pueden traer a la realidad sus fantasías.

Cada domingo ellos abren su caja de los sueños y entretienen a quienes quieren sumergirse en un mundo amor, victorias y alegrías.

Ya a las 11:00 de la mañana las puertas de su sede están abiertas para que grandes y chicos disfruten de cualquiera de las obras de su repertorio: El buchón y los pescadores, La calle de los fantasmas, Una casa redonda y celeste, El espejo del bosque, El pícaro burlado, Los martirios de Colón, Una de piratas, El molino o Chamario.

“En el Chímpete Chámpata heredamos —a decir de Andarcia— el trabajo creativo de innumerables personas que nos antecedieron, nosotros somos sólo un tramo de un largo proceso, otros vendrán después, por ello, intentamos dejarles el mejor legado posible en el tiempo que nos toca ser y estar en este espacio para la creación”.


 



EL TEATRO DE TÍTERES EN VENEZUELA

(Apuntes para su historia)

En Venezuela, la investigación histórica de sus artes escénicas es una actividad incipiente que ha repuntado lenta y paulatinamente desde hace una década. Pocos son los estudiosos que se dedican a ello y escasos los resultados. Investigar el teatro de títeres es considerado el último eslabón de la cadena y por tanto un campo documental virginal. Las fuentes públicas de información no poseen los materiales necesarios o, en la mayoría de los casos, son manejados erróneamente; estas simples razones convierten toda investigación es un “casi imposible” y a todo investigador en una suerte de héroe. Cuantitativa y cualitativamente, el material se localiza a duras penas en fuentes privadas de personalidades ligadas al género. No obstante, el material nacional no aporta suficiente información para conformar una verdadera historia del teatro de títeres en Venezuela.

El proceso de dominación en territorio venezolano por parte de la expansión colonizadora de España, fue mucho más tardío que en civilizaciones como la inca, la maya y la azteca; aquí no consiguieron los conquistadores las condiciones geográficas ni sociales que les facilitaran la dominación. El carácter nómada de las tribus venezolanas impedía que los españoles pudieran avanzar en pos de un jefe único o de un gobierno central, mucho menos doblegando huestes organizadas. Cada paso significaba una nueva batalla para someter a una nueva horda guerrera.

Pareciera entonces que la historia de Venezuela comienza a partir de 1498 con la llegada de Cristóbal Colón en su extraviado viaje; hacia atrás no hay nada significativo que ofrezca una realidad distinta. El incierto pasado venezolano confluye en un vacío histórico que aún aguarda por llenarse.

Caracas, su ciudad capital, monopoliza desde entonces toda la actividad social y política del país, sin desmerecer el ejercicio de las provincias venezolanas. España sí desmerecía de Venezuela al catalogarla como provincia: ello le ocasionó un terrible atraso de dos siglos en relación a otros países americanos.

A partir de un documento colonial se decreta, en 1978, la fecha de nacimiento del teatro venezolano: 28 de junio de 1600. En 1924, Juan José Churión publica “El teatro en Caracas” y señala ambiguamente la presentación de “fantoches” hacia el año 1885 en adelante. Hugo Cerda G., titiritero chileno que trabajó en Venezuela a principios de la década del ’60, se basará en este dato afirmándolo como la primera reseña de los títeres en Venezuela.

Su publicación “Antecedentes históricos del títere venezolano” (1963) es un ensayo descriptivo y elemental limitado a la definición de “antecedentes”, donde ofrece un panorama general de la actividad presumible, comprobable o verídica en nuestro país, desde el año 1885 hasta comienzos de 1963.

Este trabajo histórico-referencial es el único que existe en Venezuela desde ese entonces; nadie se ha ocupado en verificarlo, modificarlo o actualizarlo.

Alba Chacón y Enrique Suárez, en el trabajo de investigación antes mencionado (Bibliografía del teatro de títeres), recabaron nuevos datos que contribuyen a un conocimiento más profundo del títere venezolano. 2800 registros (entre autores únicos, colectivos y de contenido) han reseñado y cuentan con el 90% del material que será donado y estará operado por la biblioteca principal de la Universidad Central de Venezuela. Es el acopio más grande que se conozca en el país para el servicio público y buena parte son ejemplares únicos.

En materia histórica se han localizado, entre muchos, nuevos datos claves: Siglic Gutiérrez reseña en “Autonomía y teatro en el Zulia del siglo XIX” (1990) presentaciones de títeres en 1840. José Juan Arrom en “Documentos relativos al teatro colonial de Venezuela” (1945) y Aquiles Nazoa en “Obras Completas” (1983) reseñan por igual un documento del año 1788 que reposa en el Archivo General de la Nación; aún cuando ambas reseñas son incompletas, allí se señalan nombres, lugar, fecha, precio de la entrada, motivo y detalles de presentaciones de títeres en Caracas. Habiendo localizado el original y en comparación a similares de muchos países americanos, se trata de un documento claro, preciso y rico en información que no da lugar a suposición alguna.

Leonardo Azparren Giménez en “Documentos para la historia del teatro en Venezuela, siglos XVI, XVII y XVIII” (1997), reseña igualmente el de 1788 y otros subsecuentes, pero añade un nuevo documento del año 1771. Este último hallazgo retrocede el origen del teatro de títeres en Venezuela a un nuevo inicio con 227 años de historia, bonito motivo a proponer para celebrar el Día Nacional de los Títeres.

Como información general, cabe destacar que el primer festival nacional y la primera organización federativa de títeres nacieron en 1970. En adelante, el aspecto gremial y la unidad se ha visto edificada y destruida en repetidas ocasiones por malos manejos producto de la politiquería. Hasta la fecha, el último gremio surgido en 1989 es la “Unión de Titiriteros de Venezuela -UTIVE- y está afiliada a UNIMA. Utive hoy, agremia “simbólicamente” a los muñequeros venezolanos y no obstante su autocalificativo gremial sólido, está aparentemente incursa en asuntos de corrupción; desde 1993 no realiza ninguna actividad cónsona. Indice de ello es que en los registros de la World Enciclopedia of Puppetry Arts -WEPA- sólo aparece un nombre y además director del único grupo que se menciona: Eduardo Di Mauro y el Grupo Tempo; por irresponsabilidad, inocencia o egoísmo, los titiriteros venezolanos continúan conformistas en el anonimato.

No existe museo ni nada parecido. El títere de guante es la técnica que predomina; hilos, sombras y varillas son esporádicos; bunraku y mixta sólo lo ejecuta el Grupo Cantalicio de la UCV. La década de los ’70 significó la época dorada del títere venezolano, con su ascenso desde mediados de los ’60 y su declive a mediados de los ’80. Aún no se logra el reconocimiento y cobijo de un Estado que, plegado a la moda, maneja la expresión cultural de su pueblo como opción de “gastos varios” y no como inversión de humanidad.

INSTITUTOS DE FORMACIÓN

Desde mediados de los años ’70, el titiritero venezolano ha expresado esa necesidad que propende el calificativo “profesional” y que hoy es objeto de numerosas discusiones en un país donde lo profesional no se adjudica mediante el ejercicio mismo del oficio, por muy bueno que sea. Esto significa ser egresado de una carrera universitaria y a nivel superior no existe en ninguna universidad venezolana la especialidad de títeres, siendo lo más cercano los estudios de artes escénicas que se cursan en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, en el Centro Universitario de Artes de la Universidad de Los Andes o en el Instituto Universitario de Teatro de Caracas; ni aún a largo plazo aparece la posibilidad de una carrera especializada en teatro de títeres.

Pero el panorama es todavía más lamentable. En Venezuela no existe, ni siquiera a nivel de principiantes, un centro de formación que sea reconocido oficialmente como curriculum de estudios, salvo un “proyecto” de Eduardo Di Mauro llamado “Instituto Latinoamericano de Títere” (Guanare, Estado Portuguesa) que, anunciado funcionando como tal a nivel internacional en 1995 y habiendo recibido sendos subsidios del gobierno nacional y regional, aún no logra iniciar las actividades que desde hace años tiene planteadas.

Esta inexplicable y hasta bochornosa carencia, es la consecuencia directa de una política educativa y cultural por parte de un Estado que no contempla la actividad escénica para niños como un bien ciudadano, al que se suma la abulia de los propios titiriteros que, con las excepciones de rigor, se conforman proliferando “tallercitos recetarios” emulando a la simple manualidad.

La Tesis de Grado de Alejandro Bastidas “Un análisis del teatro para niños en Caracas, desde 1958 hasta nuestros días” (UVC 1983); Mariana Alemán “El teatro de títeres como medio de promoción cultural” (UCV 1989); Morelba Domínguez y Carlos Sánchez T. “El teatro de títeres como opción de animación cultural en la escuela básica...” (UCV 1992); y Betty Osorio “El teatro de títeres y su relación con el desarrollo cognitivo del niño” (ULA 1992, la única publicada), ofrecen un excelente material informativo que diagnostica de manera precisa el desarrollo de la actividad en los últimos tiempos. Allí se evidencia la terrible realidad de un ejercicio que sobrevive milagrosamente pese a la apatía y el desinterés oficial.

Las agrupaciones universitarias de títeres, de una u otra manera siempre han liderizado históricamente el impulso de la actividad en Venezuela. Más que agrupaciones, significan instituciones que tienen una inmensidad de posibilidades ya que, al pertenecer a entidades de la Educación Superior, representan y aseguran la mejor garantía como una alternativa sólida hacia la optimización para el desarrollo del género. No obstante los endebles presupuestos que les son asignados, disponen en mayor o menor escala de recursos humanos, técnicos e infraestructura, y no sufren el tener que pagar servicios básicos ya que cada institución asume los gastos.

La práctica del teatro de títeres es una actividad que fomenta el rigor de la disciplina. Siendo las universidades centros de múltiples intereses dispuestos a grandes comunidades, sus aspectos culturales se manifiestan como necesidades prioritarias para la formación humanística integral de cada uno de sus miembros.

PUBLICACIONES VENEZUELA

Desde finales de la década del ’60, el movimiento titiritero venezolano ha generado una muy escasa actividad en materia de publicaciones periódicas, difundida casi totalmente en boletines o folletos de relativo y discutible interés y calidad. Sólo dos publicaciones destacan como tal.

“Titirimundo”, dirigido por Javier Villafañe para la Universidad de Los Andes (Mérida). Se inicia en junio de 1968, se localizó hasta el Nº 11 (1970). “Chímpete-Chámpata” (nombre tomado de una obra de Javier Villafañe), dirigido por Laura Antillano y posteriormente por Carlos Aguirre Fulcado para la Universidad del Zulia (Maracaibo). Se inicia en enero de 1970 como “Boletín” y a partir de 1971 cambia a la expresión “Carta”, se localizó hasta el Nº 16 (¿enero 1978?)

Ambas ediciones, de formato pequeño y sencillo, fueron hechas con escasos recursos económicos y muestran la necesidad de un vehículo comunicacional. Son de periodicidad irregular y en ocasiones con excelente información generalmente “tomada de...”; lo importante en ellas es la mejor de las intenciones hacia el forjamiento de un movimiento nacional unido. Dejaron de publicarse, entre muchas excusas, por factores económicos.

Se produce un gran vacío y a partir de febrero de 1989, Carlos León Mejías inicia “Gárgaro Malojo” para la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos “Ezequiel Zamora” (Unellez-Barinas), boletín de formato sencillo y periodicidad irregular. Su última aparición corresponde al Nº 6 (julio-diciembre 1995).

Carlos Aguirre F. inicia en 1994 una nueva revista seriada de Chímpete-Chámpata bajo el título “Apuntes del Teatro de Muñecos”, cuyo objetivo es investigar y asentar la historia del teatro de títeres en el Estado Zulia. En este mismo año hace una publicación especial con motivo del aniversario 1969-1994. Nuestros registros sólo poseen el Nº 1.

Telba Carantoña insurge en agosto de 1994 con “Teatrino”, publicación independiente que, a nuestro juicio, se erige como el mejor formato dirigido al teatro de títeres: por su presentación, variedad, ilustraciones y sencillez, aunque escueto en términos generales, en 1997 aparecen los Nros. 6 y 7 y en 1998 el Nº 8.

Estas nuevas luces sufren los mismos embates de crisis financiera que conducen a la desmoralización y a su inminente desaparición. Una vez más, los titiriteros venezolanos quedan al filo del anonimato.

“La vida del hombre, si bien la vemos, es como un gran vuelo en pos de una visión de fiebre, de delirio. Lo que se quiere hallar en el mundo, lo que se quiere localizar en la eternidad de un vivir cuyo signo es la lucha infatigable, no es en definitiva, sino una cosa que no existe; una cosa que precisamente porque no existe es por lo que el hombre se afana tan empeñosamente en dar con ella. Ninguna de las cosas que ha llegado el hombre a poseer existía antes que él se lanzara en su busca. Las cosas van adquiriendo existencia, definición y nombre, a medida que sin saber qué son ni cómo son, avanza en pos de ellas esa incurable fiebre de ‘otra cosa’, que es la vida del hombre. Por eso dice Shakespeare que estamos hechos de la materia de nuestros sueños”.

Más de veinte años han transcurrido desde que el poeta nos regalara esta reflexión, porque para Aquiles Nazoa el lanzarse a buscar lo desconocido era su vida diaria, logrando ver así lo que otros no ven, oyendo lo que otros no oyen, sintiendo lo que otros no sienten.

A propósito se mantienen los verbos en presente porque aún sigue siendo así, y es allí donde radica la inmortalidad del poeta, cuyo pensamiento nos reta a continuar ese vuelo misterioso persiguiendo al sueño de la vida.

Lic. Enrique Suárez

Ex-director Taller de Títeres Cantalicio

Universidad Central de Venezuela

Caracas, 2002