El árbol de Buda “ilumina” a Maracaibo
Texto: Zuheilly A. Ferrer La Ficus Religiosa es la planta sagrada más popular de la India y crece “sin razón de ser” en casi todas las esquinas de la ciudad.
Fácilmente puede ser reconocida por sus hojas en forma de corazón. Son frondosos, imponentes, pero lo mejor de todo, “mágicos”. “El tronco del árbol Bodhi —científicamente llamado Ficus Religiosa— crece en doce ramas que son los eslabones. El Buddha vio que esta cadena era la causa de nuestro doloroso ciclo de nacimiento y muerte”, explica Alejandro León, estudioso del movimiento budista. Increíblemente, esta planta donde se iluminó Buda —el primer Gran Iluminado para el budismo y la encarnación del dios Vishnú para los hindúes— es uno de los árboles más comunes de la ciudad, de hecho, según expertos en botánica, es casi exclusivo en Venezuela pues son muy pocos los lugares donde crece. Vladimir Gil, instructor de yoga, reconoce el valor que el medio ambiente tiene sobre nuestra vida. “Este árbol es un espécimen de la higuera sagrada. La naturaleza es sabia y habrá que descifrar por qué se concentran tantos Ficus Religiosa en Maracaibo”. Tan sorprendente es que en el Instituto Karuna, centro de yoga que él preside, unas diminutas ramas comienzan a formarse fuera de las sala de meditación sin necesidad de ser plantada. Pareciera como si las raíces de las plantas buscaran nuevos hogares donde extender todo su potencial. León comenta que también es conocido como el “árbol de la vida porque todo lo que es necesario para la paz duradera puede ser encontrado en sus raíces, tronco, ramas y fruto. El secreto es la plena atención. Si usamos la plena atención para observar y controlar los sentidos, entonces, el apego no puede surgir. Si el apego no surge, entonces, el sufrimiento no puede surgir”. Ese es uno de los mensajes que dejó Buda, una de las figuras más importantes de la historia religiosa humana: “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”. “Cuando estudias el movimiento budista te das cuenta de la importancia que tiene este árbol y lo comienzas a valorar —reflexiona la yoguista Mari Carmen Porras—. Es un bello símbolo que, en mi caso, me ayuda a inspirarme y encontrar una verdadera relajación”. Fenómeno o no, lo cierto es que Maracaibo está privilegiado con la abundancia de estas ramas que nos cobijan y nos invitan a fijarnos más en ellas y a conectarnos realmente con la naturaleza.
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