Memorias de un zuliano
Isabel Cristina Morán
Este compositor zuliano, nacido en el corazón de El Saladillo en 1922, comprende que el tiempo no ha pasado en vano. Las marcas en su rostro, los lentes que cubren sus ojos y la dificultad para recordar con precisión fechas o movilizarse, delatan su edad. En septiembre próximo cumple 87 años. Está lúcido. Aunque en ocasiones se pone las manos en la cara y arruga la frente, en especial cuando trata de recordar la Maracaibo de antaño. El bullicio y alboroto del mediodía de ayer era impensable en la década de los años 20. Era todo lo contrario a la Maracaibo de hoy. Cuando apenas la ciudad contaba con unas pocas calles de arena y cuando la única distracción era sentarse en el frente de las casas a esperar que se ocultara el sol, sólo se escuchaba el sonido del viento y el ruido de los aserraderos. "Era una ciudad pequeña. Comenzaba en Bella Vista y terminaba en el parque La Marina". Con facilidad, el maestro titulado recuerda que la primera trilla que se pavimentó fue la antigua calle Ciencias. O por lo menos fue lo que creyó ver. Comenta que en ese entonces los presos de la Cárcel de Maracaibo estaban en rehabilitación. Los obligaron a asfaltar la ciudad. De los pies les colgaban grilletes y oscuras bolas grandes, que lanzaban a las carretillas cada vez que debían caminar para trasladar los materiales de construcción por toda la esquina de la antigua calle Ayacucho, en donde está ahora el monumento a la Virgen. "Yo me daba cuenta de lo que hacían porque a veces los presos tocaban la puerta de mi casa para pedir cualquier cosa". Aprendizaje verdadero Rincón González y sus siete hermanos crecieron en un hogar consolidado. Su padre, Neptalí Rincón, se destacó como pintor y su madre, Inés Delia González, se caracterizó por una voz melodiosa y la dedicación a su familia. Al tocar el tema de su niñez suelta una improvisada sonrisa, sube la cabeza y fija su mirada al techo. Luego, sin titubear, razona: "Me criaron de una manera muy rígida. Nada parecida a como crían a los muchachos de hoy. Iba al colegio dos veces al día y de lunes a sábado. Era una formación integral". Le quedaba muy poco tiempo para distraerse. Eran frecuentes las tardes en las que se sentaba en el balcón de su casa a escuchar las notas de la guitarra de su padre y la voz de su madre. Eran muy unidos, un hogar de músicos populares y artistas plásticos. "Mi hermano mayor se dedicó a la pintura, él, al igual que yo, siguió los pasos de mi padre. El cuadro de la Batalla Naval del Lago que está en la Casa de la Capitulación lo pintó mi hermano. En el museo Rafael Urdaneta hay creaciones de mi padre". Con nostalgia y dificultad recuerda a sus hermanos. Sólo él y Auria, que está radicada en Europa, están vivos. Su padre murió en 1954 y su madre en 1961. En este punto el hombre hace una pausa. Sus ojos se entristecen pero no pierden su brillo natural. "Si tuviera que escoger una época específica de mi vida definitivamente volvería con mis padres". Y es que doña Delia y el señor Neptalí dedicaron su vida a formar a sus hijos. Los enviaban a una escuela todo el día y en la tarde se sentaban con ellos a conversar, ayudarlos con las tareas o jugar. Los sábados se levantaban igualmente temprano para escuchar clases de piano, guitarra, declamación, poesía y lectura. "No se trataba de obligarnos a hacer artistas, sino que querían que invirtiéramos el tiempo en algo productivo". Cuando los niños leían Para finales de los años 20 en Maracaibo no había radio, televisión y eran muy pocos los periódicos que circulaban. La principal atracción de los pequeños y jóvenes era la lectura. Se organizaban en grupo y visitaban la biblioteca del estado, en donde pasaban la tarde leyendo libros como La cabaña del tío Tom, 20 años después, Los tres mosqueteros y cuanta historia infantil pasaba por sus manos. En ese momento una reflexión modernista rompió la nostalgia de la época de antaño. "Qué barbaridad, cómo han cambiado las cosas. Ahora para que los nietos míos lean, aunque sea los libros de comiquitas, hay que hacer un curso. En las escuelas no les inculcan el amor a los libros, sólo le dan lo básico. Es un desperdicio porque hoy día hay miles de posibilidades para aprender. Ha variedad de autores, diversidad de libros y centenares de medios para informarse". Los chamos que crecieron en la década de los 20 ó 30 estaban informados. Ahora ocurre lo contrario. Cuando se les pregunta quién fue Rafael Urdaneta o Rafael María Baralt no saben contestar. Rincón González cuenta que en su época se enteraban de las noticias por telégrafos. De allí se copiaban las notas a los periódicos locales, como el diario La Información o El Excelso. Incluso, en la plaza Baralt había pizarrones en donde un calígrafo escribía la noticia del día.
Gaita
con clase
Por: Manuel Bermúdez Romero
manuelbermudezro@hotmail.com
Al
conjunto Los Compadres del Éxito se le escuchó y disfrutó en el Zulia por los
años 60 del siglo pasado con tanto gusto como a The Beatles, los afamados
revolucionarios musicales de
Liverpool. Los últimos, desintegrados, no han muerto ni morirán, pues
permanecen en la memoria colectiva debido a que el Primer Mundo no permite que
sus figuras se olviden. Los Compadres, reimpulsores de la gaita zuliana
tradicional, aún interpretan, pero no han tenido la misma divulgación ni el
reconocimiento que merecen, y esta entrevista quiere rescatarlos del olvido. Aquí está la historia del grupo para dejarla como modesta referencia elaborada a través de una entrevista con Rafael Rincón González, nada menos que director de la agrupación original, y quien fuera también para entonces maestro de la escuela Antonia Esteller, de Shell, y profesor del Instituto Escuela y del Liceo Raúl Cuenca, en Ciudad Ojeda y Lagunillas, respectivamente.
El conjunto estaba hecho cuando llegué y la mayoría de sus integrantes
trabajaba en las oficinas de Contabilidad-Shell en Bachaquero. A mí me mandaron
una carta donde Pedro Sánchez Mas y Rubí me decía que tenían un conjunto
gaitero y querían que las gaitas de Los Compadres sonaran más allá de las
cuatro paredes de la oficina y pudieran proyectarse hasta el club Progreso, en
Bachaquero. Entonces yo, cómo no, que trataba de desarrollar la actividad
musical, pues trabajaba con la Shell en los programas anuales de concursos
seccionales de gaitas, les respondí que atendería al grupo.
Tomo al grupo, relata Rincón González, empezamos a trabajar y decidimos meternos en el Festival de Gaitas Shell. Total, que entonces participamos también en festivales en Maracaibo y acordamos hacer el primer "play back" (grabación inicial para montar sólo la música), y le incluí el piano de mi hermano Guillermo. Le incorporé el piano porque vos sabéis que la gaita antigua la hacían los buenos músicos, y la prueba está en que hay gaitas del maestro Marcos Ramírez, de Epaminondas González, de Adaulfo Guerrero, de Adolfo De Pool; las gaitas de De Pool son famosas, y casi todas esas gaitas se interpretaban con piano. Porque en ese Maracaibo, avanzado el siglo XX, había en cada casa un piano. Porque eso entraba dentro de la formación integral de los muchachos.
A nosotros nos acostumbraron desde niños a estudiar con el piano, y el que no
tocaba piano, tocaba violín. Y así se desarrollaban las noches. Y en esa época
no había televisión ni nada de eso. Tenía Maracaibo una educación bastante
desarrollada, quiero decir musicalmente hablando. Y te puedo nombrar a otros músicos
cultos que componían gaitas, como Heraclio Fernández. Ahora bien, yo le incluyo el piano y pongo a mi hermano Guillermo que se hizo miembro del grupo y lo tomó con mucho cariño, y decidimos hacer un disco que nos costeamos nosotros mismos y también con la ayuda del señor Phillip Dyson, un musiú que era en ese tiempo gerente de administración de personal de Shell en Lagunillas. Le decíamos don Felipe, y me firmó un aval para que un banco me diera un préstamo de seis mil bolívares para poder grabar. Entonces hicimos el disco, el primer disco que, por cierto, como no pertenecíamos a esa rosca de los gaiteros de Maracaibo, nos lo piratearon todo. Nos robaron 2 mil 800 carátulas que habíamos pagado. El día que grabamos el "play back", la grabadora se llenó de personas raras que llegaban y decían: ¡Bueno, pero esto no puede ser! ¿Cómo es posible?, eso es ventaja, con un piano ahí tocando.
Ellos
decían que con una pianola. Eso no era una pianola. Era un cembalé, que es una
especie de clavicémbalo, porque la tensión de la tecla es rígida, no es como
en el piano que es un martinete que golpea. Por eso Guillermo, que era un artífice
del instrumento, vivía armonizándolo y en permanente movimiento durante las
actuaciones, porque no tenía pedal. Por eso fue que cuando grabamos el primer
disco, la gente se asombró, y decía:
¡Qué
monguita!, figuráte que se puede bailar la gaita sin necesidad del cantante. Entonces hicimos, de todas maneras, ese primer disco. Allí está el Gran Mahón y Los Patinadores. Y cuando nos dispusimos a grabar se le murió la abuela a la cantante Alba Iriarte. Y vos sabéis cómo es esa gente de Punta Iguana. Alba no va a cantar, me dijeron. Pero bueno, si es que ya montamos el "play back" y ella lo que le va es a poner la voz, no va a estar bailando y nadie la va a ver porque eso es encerrados en el estudio. No, no, no, ella no va a cantar, está de luto, y si canta... Bueno, me amenazaron y todo. Mi señora de entonces, me dijo: ¡acordate de Deyanira que fue tu alumna de la escuela Esteller y tenía tan buena voz! Y la fuimos a buscar hasta Valera donde estaba de paso. Desde ese momento empezamos a trabajar con mucho énfasis hasta que una vez la Shell decide mandarnos a Caracas con una recomendación de la gerencia, de Kenneth Wetherell, para que se prepare un disco institucional que se vendería en todas las bombas de gasolina. Me voy a Caracas muy ilusionado. Hicimos el disco, que se llama Gaita 68. La gira no fue lucrativa y terminamos nosotros pagando todo, pero tocamos en muchas bombas e hicimos la propaganda que se buscaba. El primer grupo gaitero que tocó en la Gran Avenida fue Los Compadres del Éxito. No ganamos nada, pero saturamos el mercado porque en las bombas teníamos discos desde Santa Elena de Uairén hasta San Antonio del Táchira, y desde Punta Playa hasta Castilletes
De
esa gira nos quedó la anécdota de que estando en la Gran Avenida, en Caracas,
como en ese momento había la efervescencia de los hippies, cuando estábamos
montados en el escenario y empezábamos a tratar de hacer el programa, se
apareció una horda descalza con la ropa raída y con unos potes que golpeaban
con piedras y hacían algarabía. Entonces nosotros iniciamos el toque y a lo
que Deyanira empezó a cantar fue tal el impacto que se hizo el silencio y después,
para que siguiéramos cantando, no nos dejaban bajar de la tarima.
El
logro de Los Compadres del Éxito radica en que provoca un retorno a la gaita
tradicional. El género estaba muy distorsionado y fue lo que me hizo escribir
gaitas, yo no las escribía. Empiezo en el 62 con una que acabó con todo el
mundo que decía: gaita
zuliana la más sabrosa del mundo, nacer
en la bella tierra de
nuestra hermosa Chinita, la
gaita maracaibera
Y
vino un docto, uno de esos charlatanes de los tantos que hay en este país, y me
dijo que no, que para que esa gaita pudiera sonar, aunque fuera mía, tenía que
dársela a Rincón Morales o a Cardenales del Éxito, porque eran los que
estaban metidos en el mercado. Bueno, le dije, ¿quiénes son los más malos pa'
demostrate que la gaita es buena? Los más malos son Los Picapiedras, y me fui a
buscarlos en Maracaibo, por allá por La Mala Ley. Fui y esos muchachos sin
piano, sin nada, en pelo pues, vinieron y se metieron en el disco. Era una gaita
rústica, pero pegó.
También
con Los Picapiedras grabé aquella que dice: yo
la monto en un avión, mi gaita maracaibera paseará
por la nación.
Comienzo
a escribir gaitas porque me tenía aterrado el ver que la estaban llevando por
mal camino. Yo no sé si vos llegaste a oír aquella que cantaba el difunto
Ricardo Aguirre que decía: Ay
cachi, cachi, cachi, cachi, chachicamo, ay cachi, cachi...
¡Bueno, y ¿esto qué es?, decía yo! Y otra que hablaba de la calambrina, otra que se llamaba "Rock and roll", y también había una de un marico, aquella que decía ahí viene Carlos María. Entendéis, todas esas cosas no. Y no solamente eso, sino que además empezaron a hacer discos con chistes, y con chistes completamente vulgares, tan vulgares que han quedado con la costumbre y en los shows nocturnos si vos vais con tu señora o con tu familia, tenéis que salirte, porque lo que dicen ahí no es muy agradable. Y la gaita no es eso, la gaita es la expresión del pueblo, la canción del pueblo, una manera de protestar. Entonces, como yo era maestro, me decía: yo no voy a prestar mi mente para escribir basura. Me puse a escribir, y al comenzar hice para Los Compadres del Éxito, El Gran Mahón y La Gaita Sensacional. Yo tengo más de 50 años escribiendo canciones y antes escribí gaitas que hacía a la carrera, pero para parrandear. Llegaba con el difunto Ciro Villalobos, el hijo de Virgilio Carruyo4 -yo conocí a Virgilio, apunta complacido Rincón González-, y andábamos con el compadre Guillermo Larreal y con Memo, que estaba muchachito, con el cuatro y tal, y llegábamos a un sitio y yo me ponía a hacer la letra de las gaitas. Creo que eso me viene de que mamá cantaba y tenía una muy bonita voz de soprano, y papá -el padre del compositor fue el pintor Nepthalí Rincón- tocaba la guitarra. Y el que crió a papá, El Mahón, tocaba el furro.
Él
se llamaba Andrés Bohórquez, un maracucho de El Saladillo que trabajaba todo
el año como un loco y -decía papá- que cuando llegaba el mes de octubre
bajaba el furro que lo tenía encaramao y de ahí se perdía de la casa hasta
enero. Era tío de papá. Inclusive María, una hija de José María Bohórquez,
hijo de Andrés, es decir, nieta de El Mahón, tenía por Puente Gómez una
cuerda gaitera y salía con una banderola blanca que llamaba a gaita, unas
maracas y un sombrero de "empleta"5.
Nosotros, Los Compadres del Éxito, teníamos nuestra banderola blanca.
Esa
costumbre de colocar una bandera blanca en la ventana de la casa de algún amigo
para anunciarle la visita de los gaiteros, casi siempre se hacía en las casas
de gente pudiente. No es así como la gente dice, que se la ponían a
cualquiera. Otra cosa que te voy a decir es que se comenta que la gaita es de
furro, tambora, cuatro y maracas. Bueno sí, esos son los instrumentos básicos,
esa es la gaita que se tocaba en la calle, en los enlozaos, en las orillas, no
la gaita que se tocaba en las grandes casas, porque allí siempre había un
piano o un violín, a veces un bombardino y se le agregaban esos instrumentos.
Hay un dibujo en el Álbum Pascual, fechado en el año 33, del pintor Manuel
Puchi Fonseca, el cuadro se llama La Gaita y aparece un tocador de clarinete y
atrás un tocador de bombardino. Lo que quiere decir que la gaita no era sólo
con furro, cuatro, tambor y maracas.
El
conjunto Los Compadres del Éxito lo dirigí con el ánimo de hacer un grupo de
salón. El primer grupo que se puso un flux fue el de Los Compadres. Y me
criticaron mucho, porque la gente estaba empeñada en decir que los gaiteros tenían
que andar de cotizas, de sombrero de cogollo y de camisas por fuera.
Corrijo,
no fue que quise hacer... Yo hice con Los Compadres un grupo de salón, y
dondequiera que se presentaba eran una atracción. No le agregué los otros
instrumentos porque se hacía más dificultoso conseguir los ejecutantes.
Cuando nosotros le pusimos el piano, los gaiteros a los que llamaban los “big
leaguers” le pusieron arpa, trompetas, le metieron de todo, porque lo que querían
era competir, pero como yo no andaba en competencia, sino tratando de hacer
arte. Por eso lo que hicimos caló y gustó. Esa tendencia, la de incluir otros
instrumentos adicionales que no son afines con la gaita, degeneró en lo que se
ve ahora.
Creo
que lo que me motivó con Los Compadres del Éxito y en general a escribir música,
fue que siendo niño veía que paseando Maracaibo con mi papá le preguntaba por
qué había tanta gente en la calle, y era porque había llegado Carlos Gardel,
José Bohr o algún otro cantante extranjero. Yo me preguntaba entonces por
nuestra música y nuestros intérpretes.
Tal
y como el profesor y periodista Sergio Antillano dejó escrito en la carátula
del disco de larga duración “Rafael Rincón Gónzalez, el último juglar del
Zulia”6, él “mezcla lo culto con lo
sencillo e integra las variadas corrientes culturales que conforman al
venezolano. En el fondo la sustentación psicológica, el fabulario prodigioso,
la picardía, el piropo, la imaginación desbordada, ‘el diablo suelto””.
Aquella
motivación de Rincón González -ver que la música nacional no era apreciada y
el deseo de darle un respiro- cristalizó en la creación de más de cien
composiciones vernáculas, como Maracaibera, Soberana, Pregones Zulianos, Cosas
del Ayer, José el platanero, Reina Zuliana, Mi Contradanza, Chinquita, y el
vals Maracaibo Florido, escrito en 1949. Maracaibo
de antaño aquel
mi Maracaibo de
estilo colonial son
mi recuerdo vivo tus
fiestas patronales las
fiestas con pasquines de
la Chiquinquirá. Divino
el Maracaibo aquel
de las palmeras, el
de las contradanzas y
lago de cristal, allí
do se bañaron las
musas prepotentes, de
Vásquez y de Pérez de
Yépes y Baralt. Aquel
mi Maracaibo con
alegres gaiteros estampas
naturales para
la Navidad no
me olvidaré nunca de
Germán del Gallego de
La Flor de La Habana por
su zulianidad. Yo
llevo aquí en mi mente las
imágenes frescas de
aquellos carnavales repletos
de color y
veo las carrozas por
la Calle Derecha desfilando
pomposas frente
a San Juan de Dios.
Igualmente se evidenció su propósito en realizaciones como la de haber logrado
que el conjunto gaitero Los Compadres del Éxito se proyectara bastante más allá
de las oficinas de Contabilidad de Shell en Bachaquero y trascendiera los
salones del club Progreso de la misma población petrolera.
Con
creces, el deseo de Pedro Sánchez Mas y Rubí quedó satisfecho, aparte de que
Los Compadres le añadieron un compositor y una cantante inolvidable a la reseña
histórica de la gaita, de esa música casi siempre festiva que cuando tiene
buena letra y se sabe interpretar, provoca un reverbero de entusiasmo en nuestro
ser. Ambos -Rincón González y Deyanira Enmanuels, juntos con la agrupación-
lograron que este ritmo pascuero se escuchase en los confines del país al rescatar matices tonales
que lo tornaron más musical y menos sandunguero. REFERENCIAS 1.
Rafael Rincón González nació en la calle Los Biombos, en El Saladillo, el 30
de septiembre de 1922. Antes de ser maestro, fue en Maracaibo dependiente de La
Botica Inglesa y posteriormente sastre, actividad de la que hizo su vida por un
tiempo en una tienda propia que denominó Sastrería Rincón Anatómicos, según
información que él suministro a la periodista, Heilet Morales, del diario
Panorama, en un reportaje que se titula El sastre de la guitarra (www.panodi.com).
4.
Virgilio Carruyo nació en Maracaibo en 1874 y murió en la misma ciudad en
1937. Fiel exponente de la décima y la gaita tradicional, fue un destacado
compositor saladillero, autor de la protesta al recaudador de impuestos, para lo
cual escribió cuatro gaitas denominadas todas El Indolente que fueron muy
populares a la muerte de Gómez porque recogían la angustia rebelde del pueblo
en los momentos de crisis. Sus composiciones las conservó su hijo Ciro
“Coyeyo” Villalobos y fueron popularizadas por los conjuntos Saladillo,
Viejo Saladillo, Selección 82 y Gaiteros de Pillopo. De esas gaitas merecen ser
recordadas La cañonera, La Flor de La Habana 1 y 2, Ronda antañona, La musa de
Carruyo, Empieza la lotería, El paludismo, Las píldoras Laberan, El polvo
virginal, La paloma, Cigarrillos Exis, El superior, y Jorge Fane. En recuerdo de
Virgilio Carruyo se creó en 1975 un premio gaitero que lleva su nombre (www.saborgaitero.com/carruyo_virgilio.htm). 5.
En Maracaibo se le dice popularmente sombrero de "empleta", pero el término
correcto es empleita. Se trata de un sombrero ligeramente alón, de tejido más
delgado y menudo que el de cogollo, con lo que ganaba en fineza, pero se le
usaba también para el diario. Se le llama de empleita porque se teje con
pleita, que es una hebra de esparto trenzado. El esparto es una gramínea cuya
fibra y hojas también son empleadas para hacer esteras, sogas y papel. Estos
datos se obtuvieron del diccionario enciclopédico Quillet, edición 1974, tomo
III, páginas 439 y 553, y por voz de María Eufrosina Romero de Bermúdez,
zuliana de nacimiento, hija de un sombrerero y ella misma costurera por
manualidad doméstica obtenida en el Maracaibo fabril de sus tiempos mozos de
principios de los años 30 del siglo XX. Artesanos éstos que por oficio y hábito
de vida sabían de sombreros, telas y texturas. 6. Rafael Rincón González: el último juglar del Zulia. Disco de larga duración editado en 1977 con patrocinio del Concejo Municipal del Distrito Bolívar, estado Zulia, y de Maraven, filial de Petróleos de Venezuela S.A. Dirección, arreglos y orquesta: Sergio Elguin. Intérprete: Tino Rodríguez.
|