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Denuncian hábiles manipuladores venden a Jesús por millones

    El predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero CantalamessaEl predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero Cantalamessa ha acusado esta tarde duramente a millones de personas en el mundo “inducidas por hábiles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado”. En la celebración de la Pasión del Señor, presidida por Benedicto XVI esta tarde en la Basílica de San Pedro, el padre Cantalamessa, en su predicación del Viernes Santo, ha denunciado cómo la traición de Judas se repite también hoy cuando “Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de dólares...”

    El predicador de la Casa Pontificia ha manifestado en este sentido que “nadie conseguirá frenar esta ola especulativa que, es más, registrará una crecida con la inminente salida de cierta película; pero habiéndome ocupado durante años de Historia de los Orígenes Cristianos, siento el deber de llamar la atención sobre un equívoco descomunal que está en el fondo de toda esta literatura pseudohistórica”.

    Raymond E. BrownUna densísima predicación del padre Cantalamessa, en la que han tenido lugar pensadores insignes de la historia, filósofos, escritores, como Raymond E. Brown, que denunció la penosa percepción existente en la naturaleza humana que cuanto más fantástico es el escenario imaginado, más sensacional es la propaganda que recibe y más fuerte el interés que suscita.

    “Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio de las tradiciones históricas sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, -ha subrayado el predicador de la Casa Pontificia- son fascinadas por cada nueva teoría según la cual Él no fue crucificado y no murió, especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, según la versión más actualizada]… Estas teorías demuestran que cuando se trata de la Pasión de Jesús, a pesar de la máxima popular, la ficción supera la realidad y frecuentemente, se pretenda o no, es más rentable» [2].

    El padre capuchino ha analizado también el Evangelio de Judas, del que se ha hablado mucho estos días para rebatir que “si Jesús ordena Él mismo al apóstol que le traicione es porque, muriendo, el espíritu divino que está en Él podrá finalmente liberarse de la implicación de la carne y volver a subir al cielo. El matrimonio orientado a los nacimientos hay que evitarlo (encratismo); la mujer se salvará sólo si el «principio femenino» (thelus) personificado por ella se transforma en el principio masculino, esto es, si deja de ser mujer. ¡Lo cómico es que actualmente hay quien cree ver en estos escritos la exaltación del principio femenino, de la sexualidad, del pleno y desinhibido goce de este mundo material, en polémica con la Iglesia oficial que, con su maniqueísmo, siempre habría conculcado todo ello!.  El mismo equívoco que se observa a propósito de la doctrina de la reencarnación. Presente en las religiones orientales como un castigo debido a culpas precedentes y como aquello a lo que se anhela poner fin con todas las fuerzas, aquella es acogida en occidente como una maravillosa posibilidad de volver a vivir y a gozar indefinidamente de este mundo.

    Millones de personas burdamente manipuladas por los medios de comunicación “Son asuntos que no merecerían tratarse en este lugar y en este día, pero no podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana razón”.

    Dante AlighieriPara Cantalamessa este ha sido el momento de volver a oír la advertencia de Dante Alighieri: «Sed, cristianos, más firmes al moveros: no seáis como pluma a cualquier soplo, y no penséis que os lave cualquier agua... ¡Sed hombres, y no ovejas insensatas!».

    Antes de centrarse en el mejor modo de reflexionar en el misterio del Viernes Santo, el predicador ha calificado todas estas versione de la vida de Jesús como “fantasías, que tienen todas una explicación común: estamos en la era de los medios de comunicación, y a los medios más que la verdad les interesa la novedad”.

    A continuación el predicador ha abordado la Carta Encíclica de Benedicto XVI: “Dios es amor”, para explicar que “si todas las Biblias del mundo fueran destruidas por alguna catástrofe o furor iconoclasta y quedara sólo una copia, y también ésta estuviera tan dañada que sólo quedara una página entera, e igualmente esta página estuviera tan estropeada que sólo se pudiera leer una línea: si tal línea es la de la Primera Carta de Juan, donde está escrito: «¡Dios es amor!», toda la Biblia se habría salvado, porque todo el contenido está ahí”.

    Para el padre capuchino « el amor de Dios: está ahí, al alcance de la mano, capaz de iluminar y caldear todo en nuestra vida, pero pasamos la existencia en la oscuridad y el frío. Es el único motivo verdadero de tristeza de la vida”.

    “La encíclica «Deus caritas est» indica un nuevo modo de hacer apología de la fe cristiana, tal vez el único posible hoy y ciertamente el más eficaz. No contrapone los valores sobrenaturales a los naturales, el amor divino al amor humano, el eros al agapé, sino que muestra su armonía originaria, que siempre hay que redescubrir y sanar a causa del pecado y de la fragilidad humana”.

    Blaise Pascal  (1623 - 1662) “Existen tres órdenes de grandeza, ha recordado el padre Cantalamessa citando a Pascal en un célebre pensamiento. El primero es el orden material o de los cuerpos: en él sobresale quien tiene muchos bienes, quien está dotado de fuerza atlética o de belleza física. Es un valor que no hay que despreciar, pero el más bajo. Por encima de él está el orden del genio y de la inteligencia, en el que se distinguen los pensadores, los inventores, los científicos, los artistas, los poetas. Éste es un orden de calidad diferente. Al genio no le añade ni le quita nada ser rico o pobre, guapo o feo. Éste del genio es un valor ciertamente más elevado que el precedente, pero no aún el supremo. Por encima de él existe otro orden de grandeza, y es el orden del amor, de la bondad (Pascal lo llama el orden de la santidad y de la gracia). Una gota de santidad --decía Gounod-- vale más que un océano de genio. Al santo no le añade ni le quita nada ser guapo o feo, docto o iletrado. Su grandeza es de un orden distinto”. Y el cristianismo pertenece a este tercer nivel.

    Retomando la Encíclica del Papa, el predicador de la Casa Pontificia ha subrayado que “el eros de Dios para con el hombre es a la vez el ágape. No sólo porque se da del todo gratuitamente, sin ningún mérito anterior, sino porque es amor que perdona”. Un amor tan grande que da la propia vida por los enemigos, considerándolos amigos: he aquí el sentido de la frase de Jesús. Los hombres pueden ser, o dárselas de enemigos de Dios; Dios nunca podrá ser enemigo del hombre. Es la terrible ventaja de los hijos sobre los padres (y sobre las madres).

    La frase de Jesús muriendo: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, refleja precisamente la imperiosa necesidad que tenemos hoy de misericordia y capacidad de perdón para no resbalar cada vez más en el abismo de una violencia globalizada. “Tener misericordia –ha dicho Cantalamessa- significa apiadarse en el corazón respecto al propio enemigo, comprender de qué pasta estamos hechos todos y por lo tanto perdonar... Un común destino de muerte se cierne sobre todos. ¡La humanidad está envuelta por tanta oscuridad e inclinada bajo tanto sufrimiento que deberíamos también tener un poco de compasión y de solidaridad los unos con los otros!”

    El amor, centro absoluto de esta predicación de Viernes Santo del padre Cantalamessa engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad»

    Y en este contexto el padre capuchino ha explicado cómo “en nuestra sociedad se cuestiona cada vez con mayor frecuencia qué relación puede haber entre el amor de dos jóvenes y la ley del matrimonio; qué necesidad de «vincularse» tiene el amor, que es todo impulso y espontaneidad. Así, son cada vez más numerosos quienes rechazan la institución del matrimonio y optan por el llamado amor libre o la simple convivencia de hecho. Sólo si se descubre la relación profunda y vital que hay entre ley y amor, entre decisión e institución, se puede responder correctamente a esas preguntas y dar a los jóvenes un motivo convincente para «atarse» a amar para siempre y no tener miedo a hacer del amor un «deber»”.

    «Sólo cuando existe el deber de amar –ha recordado el predicador citando al filósofo que, después de Platón, ha escrito las cosas más bellas sobre el amor, Kierkegaard--, sólo entonces el amor está garantizado para siempre contra cualquier alteración; eternamente liberado en feliz independencia; asegurado en eterna bienaventuranza contra cualquier desesperación». El sentido de estas palabras es que la persona que ama, cuanto más intensamente ama, más percibe con angustia el peligro que corre su amor. Peligro que no viene de otros, sino de ella misma. Bien sabe que es voluble, y que mañana, ¡ay!, podría cansarse y no amar más, o cambiar el objeto de su amor. Y ya que, ahora que está en la luz del amor, ve con claridad la pérdida irreparable que esto comportaría, he aquí que se previene «atándose» a amar con el vínculo del deber y anclando, de este modo, a la eternidad su acto de amor, el cual se sitúa en el tiempo.

    Ulises y las sirenas (1909), de Herbert James Draper.También ha tenido espacio en esta predicación la Odisea de Homero para explicar el porqué humano y existencial del matrimonio indisoluble y en un plano diferente, de los votos religiosos: “Ulises deseaba volver a ver su patria y a su esposa, pero tenía que atravesar el lugar de las sirenas que fascinan a los navegantes con su canto y les llevan a estrellarse contra las rocas. ¿Qué hizo? Se hizo atar al mástil de la nave, después de haber tapado con cera los oídos a sus compañeros. Al llegar a tal lugar, hechizado gritaba para que le desataran y poder alcanzar a las sirenas, pero sus compañeros no podían oírle, y así pudo volver a ver su patria y volver a abrazar a su esposa e hijo. Es un mito, pero ayuda a entender el porqué, también humano y existencial, del matrimonio «indisoluble» y, en un plano diferente, de los votos religiosos”.

    “Estas consideraciones, ha finalizado el predicador, no bastarán para modificar la cultura presente que exalta la libertad de cambiar y la espontaneidad del momento, la práctica del «usar y tirar» aplicada también al amor. Pero que por lo menos sirvan, estas consideraciones, para confirmar la bondad y la belleza de la propia elección a aquellos que han decidido vivir el amor entre el hombre y la mujer según el proyecto de Dios y sirvan para animar a muchos jóvenes a hacer la misma opción”.

[2] R. Brown, The Death of the Messiah, II, New York 1998, pp. 1092-1096.